miércoles 28 de noviembre de 2007

Tanuki -primera parte-

Una piedrita, dos, un palito, otro con un alga o algo parecido pegado, y uno más grande, parecía una raiz que el ir y venir del agua le había alisado la superficie. Se sentía muy liso. Lo hago tanuki, dije, si hasta ya sé que planta agregarle!
El tanuki a medida que pasa el tiempo va cambiando la forma en que es considerado, para muchos no es un estilo propiamente dicho, para otros una variación sutil del la técnica de madera muerta. Tratemos de ver un poco más allá.

Tanuki es el nombre vulgar que se le dá en Japón al Nyctereutes procyonoides, que es una mezcla de perro con mapache que tiene la particularidad de ser bastante movedizo y de copiar actitudes de otros animales. Tal es así que es uno de los actores importantes de la mitología japonesa. Varios relatos lo tienen como protagonista de cambios de apariencia, muchas veces, después de hacerles beber sake a sus víctimas. Desde tomar la forma de un Buda y gozar de los regalos y atenciones en los monasterios hasta meterse en casas y hacerse pasar por familiares en diferentes días hasta que terminara el invierno. Tanuki es lo que no es. Parece, pero no.


Clásica representación de un tanuki con su botella de sake,
la que utiliza para emborrachar a sus víctimas.




Un tanuki es venerado por otros también transformados.



En bonsái el tanuki se utiliza para dar el efecto de un árbol que increiblemente volvió a brotar, y aunque para diferentes escuelas no se considera un bonsái en sí mismo, muchos de los grandes maestros los tienen en sus colecciones. Aunque es una buena salida para revitalizar grandes obras que mueren, es una técnica que cae facilemente en el abuso, quedando trabajos desproporcionados.
En la tabla de excesos y descontrol de ansiedad a la hora de trabajar -EDATRA-, el tanuki ocupa el cuarto lugar. Esta tabla refleja los estados de una planta al recibir los errores de trabajo y cultivo, fruto de no aprender a esperar (tabla: shari muy largo, jin muy estirado, azotado por la muerte, tanuki, tutor de potus, percherito, madera ideal para el fuego del asado).

Hacer tanuki es relativamente sencillo, respetando los pasos de conservación de la madera muerta y dándole el tiempo suficiente a la planta que acompaña dicho tronco para que engorde. Lo mágico es el efecto final. Parece un terrible bonsái. Pero no es…, ¿cómo que no?, es. ¿Es?

En nuestro país es una técnica muy usada, lamentablente en algunos casos se usa en forma desmedida, y en muchos aspectos, haciendo creer cosas que no son.
También es llamado el estilo del ave fénix, que revive de su propia muerte.
Dos aspectos para la misma técnica, engaño / vuelta a la vida.
Hacer bonsái incluye, entre otras cosas, aprender a elegir.

domingo 25 de noviembre de 2007

Cualquiera puede hacer bonsái

Está bueno, seemmm, aunque no sé…
¿Mirá esa rama?, con el lugar que tiene aca atrás, ves, yo la pongo con esto aca y le doy un poco más a esta para que baje, ¿ves?

Seemmm, igual creo, de verdad te digo (acercándose al oido del otro), me parece que se le va a morir.

Esta conversación parece una regla más de este arte, un estilo más.
Muchas veces la escuchamos mientras recorremos una muestra y en otras, participamos de algo parecido.
Más papistas que el Papa, dijo, mil millones de veces debo haber escuchado esa frase.
El tema es saber con qué regla se mide, viste, porque lo que está bien para uno, es un desatre para el otro, son todos maestros, mentedés, si al final yo hago lo que me gusta, pseee (lo miraba mientras me hablaba, no me animé en ese momento a decir nada).

Me quedé pensando y me dije, tiene razón, por lo menos, en algunas de las frases, tiene razón. Y mirando la muestra pensé que fumigar la crítica, por ahí, andaría bien, como para controlarla un poco.
Y me dí cuenta que fumigarla no, que habría que abonarla. La crítica es necesaria, construye, ayuda a abrir o destrabar formas de ver, el gran problema es saber ser permeable a ellas, asumirlas o considerarlas tal vez, a través de un proceso de osmosis espiriual (queda lindo así escrito).

Cuando se diseña se ponen en juego elementos subjetivos, la forma personal que tenemos de ver y resolver las cosas según intereses y deseos; en palabras de barrio, cuando todo eso se mezcla aparece la creatividad. Inspiración, observación, abstracción, poder de síntesis, son exprimidos al máximo sin olvidar lo previo, lo que ya guardamos como datos y que siempre aparecen haciéndonos diferentes a la hora de trabajar: la investigación, la información, la historia personal.
Tal vez sea por esto que hay tantas opiniones sobre un mismo trabajo, diferentes puntos de vistas, todos válidos, pero también es cierto, que otras de las cosas a tener en cuenta es que cuando trabajamos en bonsái lo hacemos aplicando las mismas reglas que todos conocemos, la de los maestros japoneses, por un lado, y los elementos y principios de todos arte.
Esa es la regla que mide todos los trabajos, y todos tenemos una.

Por eso este espacio.
La técnica se aprende practicando, los secretos se consiguen en internet, el “carácter” se logra con detalles apropiados, pero sentir este arte, pensarlo, es una experiencia única, que ninguna crítica jamás destruirá.

Cualquiera puede hacer bonsái.
Los elementos están sobre la mesa al alcance de la mano de todos nosotros.
Sólo hay que animarse, sin tener en cuenta tanto a esas críticas que muchas veces frenan en lugar de alentara seguir, y lograr que lo que hacemos hable por nosotros.
Trabajos con carácter. El carácter del autor, el detalle, lo distinto, el aporte.
Ese debería ser el carácter, sino, preguntale a Kimura.

martes 20 de noviembre de 2007

100% lucha (no es para tanto)

Lo miraba mientras trabajaba, alumno nuevo, mezcla de susto con impotencia. Giraba la planta. La torcía. Le movía las ramas para abajo, para arriba. Una mano, los dedos estirados para abarcar más. Y otra vez las manos abajo, como cuando hace frío y se trata de hacerlas tomar calor, entre las piernas. Arrancó de nuevo, vuelta a girar la planta, y esta vez, se recuesta contra la silla y deja caer las manos a los costados, creo que exhaló medio mufado…

Esto nos pasó a todos, y se me ocurrió que un buen aporte podía ser tratar de explicar el MMDDQSSF o mejor conocido como el “método mágico de diseño rápido que siempre siempre funciona”.
No es una regla, solo una forma de diseñar que nos dará un diseño bastante aceptable, ideal para los que empiezan y para demostradores.
Vamos a utilizar una planta cualquiera, de vivero, no tan grande, ni tan chica, una de esas que nos gustó, le vimos el tronco, muchas ramas, algunas abajo y una buena cantidad en la copa.
Le sacamos parte del envase, buscamos el nacimiento de las raíces gruesas y tratamos de definirle el frente. Hasta ahí el procedimiento habitual.
Y ahora es el momento del MMDDQSSF, recordemos que no se aplica a todas las plantas, pero casi al 80%. En algún tramo del árbol, justo en el lugar en donde nace la que elegimos como primera rama, nace otra, casi tan gruesa como la anterior y a partir de ahí, muchas ramitas más. ¿Cuál cortar?, si nacen al mismo nivel, una se va. Pero si se la saco me quedo sin ramas. Entonces, que pasa sin en vez de cortar las opuestas inclinamos la posición de plantado de tal forma que una, puede ser la que habíamos elegido como primera, quede en el “codo” del tronco principal y la que íbamos a cortar se transforme en la continuación del mismo, continuando la línea. Lo ideal es que la que vaya a ser primera rama tenga menos ramificación fina que la que continuará hasta el ápice, de esta forma tendríamos más oportunidades de ramas para segunda, tercera y copa.

Parece difícil así escrito. Espero que el croquis super sintético sirva.
Ánimo, que, como dice Soda Stereo, tarda en llegar pero al final, siempre hay recompensa.








jueves 15 de noviembre de 2007

-¿No me ayudas un poquito?

No es fácil diseñar. No es fácil quedarse mirando el árbol, darlo vuelta, girarlo mil veces superponiendo imágenes posibles de composición, de línea, de masas, tratando de aplicar los conocimientos, las reglas; son muchas cosas a tener en cuenta y encima, ¡me tocó este árbol!

Esto me pasa aún hoy, años después de mi primer árbol, pero, a diferencia de aquellos primeros trabajos, hoy todo eso ya no me angustia (o por lo menos, no tanto).
Cuando nos juntamos en el Taller de los jueves, en Bonsai Studio, el tema del diseño, antes o después siempre aparece, lo bueno que trabajar en grupo hace que la cabeza se abra mucho más de lo imaginado, las ideas se mezclan, se complementan. Y al final siempre aparece un resumen interesante, que va un poco más allá de la técnica, del cultivo. Aparece lo sensorial.
Difícil de ver al comienzo, fácil de etiquetar con la palabra “carácter”, para ver y hacer bonsái hay que tratar de cambiar la forma de “mirar”, cambiar el ver por el observar y sentir el diseño.
El árbol habla a través de la línea. Uno puede ser amigo de lo que pide el árbol o modificarlo. Todo vale, pero con un poco de práctica, nos vamos a dar cuenta que suben las chances de vida cuanto más respetamos los que la planta nos dice. Y entonces empiezan a despejarse algunas nubes, y de repente se transforma en un casillero de estilos y sólo nos queda tratar de saber en cuál de ellos nuestra planta puede entrar.
En todas las plantas hay un bunjin, en todas una cascada o una semi, todos los estilos se pueden hacer con alambre, pero haríamos un proyecto de un árbol de alambre que seguro, si no respetamos algunas cuestiones fisiológicas, lo meteremos en el grupo de los “azotados por la muerte”.
Aprender muchas técnicas, inventar otras, compartir lo que probamos. Hacerse universal en el conocimiento de usos y costumbres del bonsái hacen que las reglas se transformen en herramientas, pero no hay que olvidarse, que para que las herramientas no se arruinen, también hay que cuidarlas.



Trabajos realizados sobre un Libocedro y sobre mis dos manos, lo bueno que en una sola me dieron puntos.

martes 13 de noviembre de 2007

¿Por qué Bonsái Argento?

Maestros japoneses, maestros europeos, maestros americanos. Son muchos los espejos en los que buscamos reflejarnos. Técnicas variadas, cultivos particulares.
Para muchos de nosotros la práctica del arte del bonsái empezó como una búsqueda sin horizonte, sin saber específicamente que íbamos a encontrar. Para muchos de nosotros fueron varios los inconvenientes que hubo que superar. No sólo aprender la técnica, ni la forma de cultivar, ni los problemas de riego y de abono; fueron las herramientas, las macetas, los alambres. Y para cada problema siempre encontramos una solución, leímos, probamos, comparamos resultados. Buscamos alternativas para cada una de las cosas que eran imposibles de alcanzar, aunque, como dice la canción, lo imposible sólo tarda un poco más.
Para todos los que alguna vez nos arreglamos con lo que había.
Para no olvidarnos que alguna vez lo atamos con alambre y eso, tal vez, acrecentó nuestra pasión.
Bienvenidos a Bonsái Argento.