El ratón
Durante el último tiempo he recibido algunas quejas que iban en el mismo sentido -¿cuándo volvés a escribir en el blog? La verdad es que me faltan dosis de ganas extras, y las migas de “querer” se las terminó comiendo algún adictivo juego de feisbuk, para mejor -de los lectores- se encuentran muchas cosas en el face, que se yo... Otra turbulencia. ¿Alguien habrá pensado cuánto poner de cerveza en el vaso para que no se vuelque cuando se mueve el avión? Nueve horas y media hasta el queso que tanta falta me hace: Clau, Marti y Sofi. La señora del asiento de al lado se queja al respirar, quejas. Extraña forma que tienen algunos temas -y personas- de pedir pista, y mucho más extraña mi manera de reflexionar... me estoy poniendo viejo. Me traen más café, bien. Sin guerras, con igualdad, hermanados. Las palabras del mexica “Gorila”, chamán con más de 450 años de tradición familiar en México, me hace pensar si Sting habrá fruncido el ceño como yo al eschucar las misma palabras. ¿Se habrá metido también en el temascal?
El gato
Amarillo, como dije antes, relamiéndose. Dos rayitas hacen las veces de bigotes. Espera. ¿Cuánto es mucho al momento de esperar? No soy bueno para esta respuesta, sin dudas esperar es lo que mejor me sale. Fue cuando decidí no “esperar a que alguien tirara de la soga para accionar” que descubrí el placer de la seguridad. Pero también su costo. Imágenes de lugares vacíos, de mirar desde abajo, de seguir un sueño. El apoyo familiar, los amigos. El vacío en el estómago ante lo inminente del salto. Que bueno es saber que te esperan.
El perro
Naranja, una mezcla de chihuahua cabezón y bracitos de Mono Burgos. Atento al ratón (que a la vez carpetea al perro de reojo), el perro es el genera la tensión: la del ratón que espera por el movimiento del perro, la del gato -socio del perro- atento a la trampa. La confianza de uno, la atención del otro. Me preguntaron en un reportaje durante el encuentro por qué hacía bonsái, qué sentía. Respondí con la paz del abuelo que cuenta una historia a sus nietos, les dije que el bonsái me había enseñado a disfrutar de los detalles, los que dejamos pasar por esta vida de carrera, de emocionarme al ver crecer a mis hijas, el placer de compartir todo esto con Clau. De los amigos y su comentario repetido: -Miralo a este... ¡dando vueltas por el mundo con estos arbolitos! De la satisfacción al ver el brillo en los ojos de los que se atrevieron a acomodarse otra vez como alumnos, y asi poder llegar al momento de ver que son capaces de hacer un mejor bonsái, uno comprometido. Del que sólo se puede empezar desde una autocrítica.
Es algo como esto de la página 144, estimular al gato para que, atento, sepa ver una oportunidad que busca al punto de relamerse; de mantener alerta al ratón para no caer en la trampa y extremar su técnica para lograr su objetivo. Es como el perro, que aún siguiendo una utopía, mantiene sus ganas y sueña.
Entre cachuchas y sangritas
¿Quién se anima a traducirlo al argentino?
La experiencia mexicana ha sido impecable. Desde perder la conexión al llegar al DF, sumado al “problemita” de las valijas que llegaron unas cuantas horas después, pero que me permitieron encontrarme con mi hermano Zezao en el aeropuerto. Grande Zé. Fue entonces cuando llegamos a Córdoba -México- gracias a Eleazar, que hizo de traductor/ayuda en el aeropuerto, chofer VIP y que nos presentó a su familia unos días después. Esperaban Don Miguel Ros y Pedro Morales. Fue un almuerzo, un tequila doble, una sangrita y la noticia de que el domingo compartiría escenrio con Salvatore Liporace, Pedro Morales e Yrene Vázquez. “Cuando pase el temblor”, Soda Stereo. Apareció el postre, dulce de cachucha (hermano cercano del dulce de leche).
Visitar el museo, conocer a Zomy y a Paty (muchas gracias a las dos, muchas de muy muchas), a la familia de Don Miguel, a los nuevos amigos mexicanos, José, Omar. La gente del hotel.
La tradición argenta de presentarles una cumbia, un poco de Néstor en bloque.
Talleres el jueves, demos el viernes y sábado. Volver a trabajar con Nacho, con Zezao, con Erik.
El cumpleaños de Juanjo, negro -----> esta demo fue para vos.
Dicen que viajando se fortalece el corazón.
Fue el sábado que decidí cambiar mi super junípero por una ligustrina, un Diego como lo llaman por allá. Y con una clase de diseño, fisiología y proceso creativo sentirme cerca del lugar de donde vengo. Las cabezas asintiendo como público de hip hop, el brillo en los ojos otra vez, el copiar lo que leían en el pizarrón. Lignina y celusa. Ósmosis y ritmo visual. Bonsái argento puro.
Después vino el bonsái callejero.
Después las pirámides.
“Argentino, a todos les gusta cosechar, son pocos los que se animan a sembrar”, me dijo el “Gorila”.
Este viaje me tatuó en el cerebro esa reflexión. Tal vez sea el momento de aprender a disfrutar el ver como otros cosechan lo que estamos sembrando.