-Las cosas pasan cuando tienen que pasar...
...podés verlas pasar, o formar parte... eso si estas a la altura, porque sino se nota que te queda grande la pilcha, y en un “nada” pasas de casi bien vestido a mamarracho total, de casi jugar en primera a congelado en el banco de suplentes de la reserva. Yo sé lo que te digo: la experiencia se gana en la cancha, al chamuyo se lo come su propia sombra...
Cuando la moza traía la tercer botella de cerveza el consejoro se perdió entre el humo de los cigarrillos.
Verano de 2010 -enero-
Cuando la gente me pregunta que se necesita para hacer bonsái les contesto que casi todo se basa en la observación, y el talento y creatividad para poder transmitir mensajes a través de los árboles, pero que básicamente todo se trata de observar. La observación lleva al análisis, el análisis a la valoración del conocimiento y la autocrítica nos dice que nos falta y por dónde buscar.
Casi siempre recibo la misma cara de espanto, esa que dice “algo más?, observación, talento, creatividad y autocrítica?... dejá, gracias...”, por eso mi sorpresa al conocer a Héctor el encargado de la “animación” en el Camping Americano hizo que recordara estas palabras.
Un dominicano de 24 años que convencido por un clásico argentino que lo conoció en su trabajo en Punta Cana, se vino seguro de iba a trabajar en el paraíso. Y se dió cuenta de que no.
Y ahí empezó la observación, y en análisis y la autocrítica. Es muy interesante porque este lugar es como una ensalada de personas de todo el país, un lugar homogéneo argento, un lugar para tomar nota de como somos, entre nosotros y con los demás. A medida que observaba... comparaba. Y si, sin dudas se hace bonsái como se vive.
Héctor recibió siempre un camiones de discriminación, hasta que se aflojaban (los turistas) y empezaba la feliz convivencia. Como si se tratara de un sistema de defensa hacia lo desconocido.
Observación, análisis y autocrítica, pensé. Pedí otra cerveza y me alegré de haber comprado mi ticket a Milán, para ir a trabajar con Salvatore Liporace a su vivero. La experiencia conlleva a la seguridad y a la credibilidad. Y la verdad no me gustaría sonar a improvisado.
Aparecen los aplausos y con ellos las responsabilidades, y aunque los primeros me incomoden un poco siento que cada uno de los que se deciden a aprender algo más de una manera un poco diferente merecen de mi parte el compromiso de la experiencia y no de la improvización.
Yamagordi day
-El jueves?, vamos el jueves? Daaaaaaaaaaale, decile a Julián y a Martín... y a Juancito. Ok, el jueves después del mediodía vamos a buscar olivos. Arreglado.
Y así fue. Año tras años mejoramos en las herramientas, en la organización. La locura depredadora del inicio se modificó con la búsqueda de ejemplares con posibilidades, buenos nebaris y “marcas en la piel”. Lo bueno es que ya no me preguntan cuál, ya saben. Experiencia que le dicen. Los mejores los encontró Julián, el mismo que desde arriba de una loma me grito: tío, viéndolos trabajar a ustedes (se refería a Juan, Gonzalo y a mi), con esas panzas, más que yamadori parecen que hacen yamagordi!!!!!.... Otra frase de señalador que quedará para siempre.
Faltan horas para subir al avión que me lleve a San Pablo y de ahí a Milán. En este caso la experiencia de tantos vuelos anteriores no me calma la ansiedad que me generan los aviones (una forma romántica de decir miedo), pero llevo todo lo necesario para un viaje como este, a un vivero en donde hace -5 de noche y está todo nevado. LLevo dulce de leche.
Otra vista del lugar en donde se trabajan, entre otras cosas, junípero de taiwan.

































