miércoles 14 de mayo de 2008

El Acer de Kali

Cigarrillo en mano, Kali entrecierra un ojo, toma aire y dice:
-Sergito, ¿que vas a hacer hoy? ¿no te parece si hacemos el acer de la otra vez?
Conocedor del significado de los sueños, hace la pausa justa para que San Cono lo guíe en su empresa . Kali se la juega. Y le pone un pesito a la revancha.
-Dale, pero decile a Diego que nos dé una mano y vos, copate...
Cigarrillo en mano, Kali levanta el brazo y como quien trata de parar un taxi en la calle le hace señas a Diego, quien, conocedor de los bueyes con los que ara, le redobla la apuesta:
-yo ayudo, pero vos haces mate.

Ojalá que la 31 te ilumine, y esta 59 no llegue a 47. Dale 75, mandale 51 que tengo un 90!!!

Kali sabe de números de lotería, de suerte y desgracia, de esperanza y desazón.
Bajó la planta de la terraza del vivero de Marita (que hace las veces de guardería) y empezamos a estudiarla. En el verano le habíamos hecho un trabajo para que ramificara una rama que habíamos elegido como posible para seguir la línea del tronco. Había respondido bien.

Tres vistas de la planta, un tronco bastante recto con curvas
que lo dividían en secciones bien definidas.

Para poder realizar parte del diseño pensado era necesario tratar de bajar la altura del acer. El tronco era bastante grueso, unos 4,5 centímetros en su parte media, por eso, al momento de proteger la zona a doblar de posibles fracturas, utilizamos una cinta de goma (que no es otra cosa que una cámara de bicicleta cortada a lo largo).
La cinta de goma tiene una gran ventaja y muchas desventajas, la ventaja es que ejerce una presión uniforme en todo el recorrido, las desventajas.... se las dejo para que prueben.


El tronco y la protección de la cinta de goma.

Para doblarlo decidimos alambrar y usar tensores. Muchos tensores anclados a la maceta, tensores que al tener el movimiento del tronco deseado se sacan para dejar unos pocos.

La ayuda de Kali fue fundamental.

Aprovechando las secciones rectas del tronco basamos el diseño en tratar de acompañar ese ritmo tan marcado posicionando las ramas como una continuación lineal, para permitir al ojo del observador recorrer el tronco desde el nebari hasta la copa, sin distracciones.

El proceso de remodelado y cambio de inclinación en el plantado.

En menos de una hora y media el diseño pensado se había llevado a cabo, un cambio de maceta (sólo por coquetería) sin modificar mucho el pan el tierra acompañó al último mate.

El trabajo terminado.


Nota: Significado de los números en la lotería: 31 la luz; 59 la planta; 47 el muerto; 75 el payaso; 51 el serrucho; 90 el miedo.



martes 6 de mayo de 2008

La luz de María

Como un faro, la ventana del décimo piso atraía la mirada de los vecinos trasnochados.
A María no le gustaba la oscuridad, dormía con la luz prendida soportando muchas veces las quejas de sus hijos.
Nunca terminó de instalarse en Buenos Aires, extrañaba demasiado su San Luis, el aire fresco de las mañanas, el silencioso murmullo del campo. Y tal vez al repetir algunas de las costumbres de las que hacía de chica, volvía a su pueblo.
Así se hizo jardinera del edificio. Así nos conocimos.
Sergio, vos que sabés de plantas, hacete unos mates.
Dale, pero el domingo me lo llevo a Lucas a la cancha.
Hacete unos mates, que para el domingo falta mucho.

María amaba la vida, por eso nunca aceptaba que le dijeran de sacar plantas. Así, un día, entre los dos levantamos lo que sería mi primer bonsái, una mora que supo tirarse de la ventana de su departamento.
Checho, baja que tengo algo para vos. La voz metálica del portero sonaba a secreto.
Era de noche, las 22 creo, Agosto de 2004. Había que sacar un Acer negundo que había crecido demasiado. Todavía con las manos llenas de tierra y la pala en la mano, María me hacía señas de jugador de truco, –te lo dejé ahí atrás, mirá que pesa mucho.


Es para vos, María.

Como pude lo cargué en el baúl del auto y lo llevé al vivero (una forma romántica de llamarlo), y quedó plantado en una maceta que le apretaba como zapato tres número menos. Era lo que había. Que mejor que veintitres vueltas de cinta de embalar para asegurar que no se escapara.
Unos cortes diagonales y unas plegarias fueron todo el trabajo que se le podía hacer.


Agosto de 2004, esperando que brotara en el sector de milagros.


Durante un año creció libremente, sólo agua y hormonas de enraizar. A veces y muy a veces un poco de Supertrive. Cada vez que lo veía muy largo lo podaba para tratar de engrosar las ramas, todavía no había un diseño pensado.

Junio de 2006, la falta de raíces en uno de sus lados (?) hizo que se pudriera gran parte del tronco. Una rápida intervención era necesaria.


Limpieza de las partes podridas y conservación de la madera para frenar la desintegración de la madera. Estas especies de latifoliadas son muy sensibles a los hongos, normalmente terminan los troncos vacíos con una textura acorchada muy característica. Limpieza, secado de la madera con fuego en varias etapas, polisulfuro a discreción y mucho sol fue la receta utilizada.

El diseño elegido fue intuitivo, muy intuitivo. No había línea definida ni volúmenes para elegir. Nada de espacio positivos o negativos, tratar de aprovechar la recuperación del super shari llevando parte del crecimiento hacia algunos lugares con cierto “potencial” a futuro.

El “diseño” a fines de julio de 2006.

Reaccionó mejor de lo esperado, engordando las ramas bastante rápido. Abono, agua, sol, evité otra ronda de plegarias, ya no hacía falta.

Agosto de 2007, ya con una buena ramificación gruesa empezamos los trabajos en el tronco.
Las dos ramas de abajo permiten una rápida relación entra las raíces nuevas y el follaje, estimulando el crecimiento de raíces de ese lado y la formación del labio de cicatrización en forma más rápida.



Dos momentos del trabajo en el tronco, utilizamos una fresa “ninja“ llegada de España.


Para tratar de que la textura ganara en contrastes, utilizamos el método de secarlo con soplete, mojarlo y volver a secarlo al sol. Los días de mucho calor se moja la madera para que el sol vuelva a estremecer las fibras. Lenta forma de trabajar, pero por estos lugares el tiempo sobra.


Digitalización del árbol en su maceta, un poco más de ramificación fina y empezar con el proceso de achicado de hojas, digamos unos dos veranos más.


María ya no está entre nosotros, se fue un día de verano dejándonos en su familia su historia.
Yo sigo llendo a la cancha con Lucas, vos María me diste permiso.

jueves 1 de mayo de 2008

Bonsái de espinas

El Chanchi era así, tenía casi todo lo mismo que las personas que vienen de Japón, los ojos rasgados, el flequillo inmanejable, la altura, el mover los ojos antes que la cabeza. Tenía todo menos una, él no era japonés.
Esquirlas de una noche de “sake” y niebla hicieron que viniera al mundo en agosto, junto con las flores del ciruelo.
Nunca aprendió a jugar al fútbol, y era horrible tirándole piedras a las luces de la plaza, pero que se yo, siempre fuimos los mejores amigos.
El tiempo se encargó de separarnos cuando nos hicimos grandes, el tiempo que sabe negociar con la memoria y nos pone primero en las lista de los recuerdos aquellas cosas que nos hacen bien.
Fue paseando un domingo que me acordé de él.
No sé cómo aparecí en esa feria, tampoco recuerdo bien si era una feria, los techitos de media sombra, la telaraña de hilos y sogas que cruzaban el cielo y la gran cantidad de mostradores con artículos a la venta referían a feria. Globos, chicos corriendo y una ensalada de cumbias me convencieron. Cerveza en mano me deje llevar por la correntada humana.
Los vendedores se acomodaban alineados. Al final del pasillo central había un pasacalles que decía “Concurso de bonsái”, entré. Sigo sin saber el por qué.
Era una especie de exposición, todos ordenaditos y separados por unos pedazos de caña tacuara, en mesitas de diferentes tamaños y formas. El pasacalle, mágicamente, se encargaba de modificar la atmósfera, de este lado nadie hablaba.
El movimiento era de casi todos igual, caminábamos paralelo a las mesas, girábamos el cuerpo, nos agachábamos para leer el cartelito y nos parábamos de frente al bonsái. Mueca de agrado y vuelta a empezar.
Había uno... no era el mejor, por lo menos para mí, pero el séptimo de la línea contando desde la derecha, (tomando la derecha como el primer árbol al lado del viejo bebedero de la plaza) me llamaba la atención. A diferencia de los otros, este no tenía hojas. Lógico, pensé, si estábamos en otoño. Pero los otros si tenían y supuse que en un concurso de este tipo en el que la gente votaba al que más le gustaba, venirse justo con uno sin hojas era una mala decisión y aunque un raro magnetismo me acercara, esperé a llegar siguiendo el ritual, paralelo, girar el torso, leer, mueca, seguir.
Acacia de tres espinas, pude leer en el papelito que estaba prolijamente acomodado al lado del bonsái, autor: José Wsanawa... Era el Chanchi.
Apoyé la cerveza en el suelo y levanté la cabeza buscando a mi amigo. Giraba, saltaba, cogoteaba hasta que en un movimiento tiré el vaso y una señora con la bolsa del pan en la mano me miró feo. ¡Un bonsái del Chanchi! Lo primero que hice fue sacar el papel que me habían dado para votarlo, no me importaba nada, pero al mirarlo de nuevo algo me hizo pensar. Era un bonsái raro, sin hojas y unas cinco espinas rojas saliendo del tronco, como si fuese un bonsái de espinas y nada más.
Había pinos, azaleas llenas de flores, juníperos con formas viborescas y ¡este aparato presenta un bonsái de espinas! Volví a estirar el cuello para ver si lo encontraba por algún lado, no había teléfono ni dirección ni organizador a quien pedirle un dato. Sólo la nena que daba estas mini planillas y la urna al final del recorrido.
Puse mi voto y me fui. Giré de nuevo para encontrarlo. Nada.
Las manos en los bolsillos eran poca defensa contra el frío de la tarde, ¡un bonsái de espinas! repetí hasta subirme al colectivo, un bonsái de espinas...
El sacudir del bondi invita a pensar, con hojas no lo hubiese mirado, me dije.
Sin dudas el bonsái de espinas tenía casi todo lo que los otros bonsái tenían, todo menos la habilidad del Chanchi para que veinte años después pudiera volver a verlo a través de su pasión.

Gracias a todos los que apoyaron este blog en el concurso, gracias a Con vocación de espina a quien dedico este post.

jueves 24 de abril de 2008

Carácter kid (¿puedo mirar los dibus?)

"...como bonsái que espera dentro del árbol.."
El señor Miyagi le explica a Daniel-san que debe buscar en su interior



Una reflexión budista reza que la única forma de aprender es teniendo “Mente de principiante”, el por qué es imaginable: sin preconceptos ni conformistas ideas de logros alcanzados es posible aprender. Una mente abierta, es infinita.
Concepto difícil de poner en práctica para nosotros, los occidentales que, además de tener que garantizarnos con escritos lo que nos enseñan, tenemos que probar por nuestra cuenta, propiedades de la sangre latina.

Varias veces he leído en foros que esta pasión de hacer bonsái les llegó a muchos a través de la película Karate Kid, allá por los años 80. Y reviéndola una y mil veces, no dejan de atraerme algunas partes, algunas frases, que son las imágenes que no conocíamos, las que vimos por primera vez, las que permitieron aunque más no sea, tener en ese momento “mente de principiante”.

Todos saben que el concurso de blogs está a días de terminar, y sin saber el resultado me parece que es necesario agradecer, a los que apoyaron a este blog, a los que apoyaron a los otros. Sinceramente cuando inscribí a bonsái argento lo hice para probar otra forma de mostrar esta forma de vida, y fue esta forma de vida la que me enseñó que pasa cuando uno prueba.
Votaron amigos, conocidos, amantes del bonsái, personas que tomaron la votación como causa nacional, la pregunta “¿y, cómo vamos? es una muestra de que para muchos se transformó en el blog de todos, un honor. Por todo eso, gracias.

Fe de erratas
Donde dice gracias, debería decir a mi familia.
Donde dice todos, significa hermanos, amigos.
Cuando digo apoyar, debería decir gracias por el cariño.
Donde dice bonsái, dice gracias sensei.

Sergio