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viernes, 10 de abril de 2009

Sintético repaso -a este ritmo me hago viejo antes que mis árboles-

A veces me pasa, a veces tengo mil millón cosas en la cabeza que me hacen retrasar en muchas otras, y si bien este post tratará de ser un repaso general sobre las proporciones, me ha llevado más tiempo que si lo hacía desde semilla. Y hoy, luego de tratar de encontrarle la vuelta a un junípero con un presunto ataque de Phitospora, me puse a terminarlo.

Todos para uno, ¿uno para todos?
Al momento de buscar con qué tipo de planta poner en praćtica todo lo anterior (línea, punto focal, proporciones y silencios) se me ocurrió que una forma de hacerlo más evidente era utilizando pequeñas plantas, en donde las medidas son más difíciles de calcular a ojo, donde todo parece más apretado y con muchas posibilidades de parecer que nada se respeta.
Tres olivos que vinieron como souvenir de alguna recolección de otro olivo mucho más grande.

Los tres a la final
Desparejos, con “puntos focales” bien distintos, estos tres olivos ya tiene un año y medio haciéndome compañía en el estudio; aprovecharon la libertad de crecimiento y se estiraron lo más posible. Hasta ahora.

Los tres olivos. Tres características diferentes de línea de tronco. Mismo patrón de crecimiento.

Olivo N˚ 1 -Análisis visual-
Dueño de un tronco largo, suavemente ondulado y con muy pocas marcas transformables en punto focal, esta planta presentaba una división de ramas muy alta en relación al ancho del tronco, sin nacimientos en las posiciones ideales según los tercios. En estos casos, en los que las ramas no nacen de los lugares ideales, se trata de poner el “verde” en el lugar que corresponde, bajando las ramas.

El tronco largo y las ramas que nacen todas muy juntas y altas.

Un alambrado del tronco permite darle algo de movilidad como patrón a repetir ante la necesidad de bajar ramas, se busca en todo momento encontrar un módulo de posible repetición (esta vez ante la necesidad de doblar hacia abajo ramas altas se trata de repetir ese doblez también en el tronco).

La línea del tronco se continúa en las ramas.

Las ramas bajan hasta posicionarse en las zonas que corresponden según la separación del total del alto en tercios.

Las posiciones indicadas por el número áureo, aún en una planta de 8 centímetros de alto. Se puede ver como la primera rama, que nace mucho más arriba, pasa a ocupar con su masa de verde el lugar que corresponde a una primera rama, al final del primer tercio.


Olivo N˚2 -Análisis visual-
Este otro ejemplar, si tiene un punto focal bien marcado, las características del tronco, corto y con madera muerta, obligan a un diseño que realce esta zona.

Detalle del tronco con la madera muerta.

Una semicascada formal (con corona) podía funcionar.

Cuando las plantas son jóvenes se puede utilizar una rama larga para dibujar el recorrido de la línea del futuro tronco, lo único es recordar que diseños basados en una sola rama debe ser muy cuidados a la hora de modelarlos. Si se muere esa rama, se cae el diseño.

Los tercios y las ramas invadiendo algunos sectores que no le corresponden. En estos casos (los tres) las plantas fueron diseñadas sabiendo que las posibilidades eran escasas. Eso lo hacía más interesante.

Seis centímetros en semicascada.


Olivo N˚3 - Análisis visual-
Con una línea de tronco interesante más un shari natural, esta planta de 9 centímetros de alto fue la que más me atrajo, y si bien también las ramas era altas, la sensación de armonía parecía estar más fácil de descubrir.

Detalle del shari natural.

Si bien me daban muchas ganas de hacer un mini azotado, me decidí por un moyogi resaltando las curvas.

El ángulo de plantado modificaba la altura de las masas verdes, estéticamente mejoraría inclinando el plantado hacia la derecha, pero perdería el espacio negativo que se forma y que justifica la aparición de la primera rama larga hacia la izquierda.

La relación ramas-tercios. El largo extra de la primera rama trata de balancear los pesos visuales a ambos lados del tronco.

Nueve centímetros y la división armónica de ramas.

Palabras finales
He tratado de compartir en forma sintética una parte del método de diseño que utilizo cuando proyecto diseños en las plantas. Debo reconocer que no siempre mido o calculo la posición de cada rama, son los ojos los que me avisan que algo anda mal, muy, muy raramente agarro una regla y me fijo por cuánto equivoqué las medidas. Y muchas veces dejo las cosas “fuera de medida”. Imagino la cara que estas poniendo ahora, diciendo:“-este enfermo se la pasa explicando cómo calcular y ahora me dice que no calcule”. Esa es la idea, tener bien incorporados los principios y los elementos para que a la hora de trabajar no sean un limitador de creatividad sino un soporte de armonía constante.
Un antes y un después de tres palitos que no superaban los 14 centímetros.

Antes

Después

Lazlo Moholi-Nagy, aquel fotógrafo de la Bauhaus, pregonaba que era necesario ser íntegro a la hora de diseñar, saber de todo, de lo más posible y especializarse en algo. Saber de todo no para hacer de todo, sino para entender que aún en el desarrollo de la tarea específica interactúan muchos otros elementos que no se pueden desconocer.

PD: por ser plantas pequeñas y por la época del año, no pude utilizar las macetas con la profundidad correspondiente según el ancho del tronco.

domingo, 22 de febrero de 2009

Proporciones -diseño cuarta parte-

-Traeme la regla, la larga de metal si; que a dónde voy con una regla y una tijera... a podar corazón, a podar.

Proporción, en diseño, es la hermana de armonía. Armonía la organizadora de la fiesta (que fantástica fantástica esta fiesta).
¿Qué hace que un bonsái sea proporcionado? La relación entre los elementos que lo conforman (nebari, tachiagari, ramas, hojas, flores, frutos) y los elementos que lo rodean. Y cuál es la medida o regla que permite que estas relaciones sean armónicas a nuestros ojos, justamente esa, la medida humana, que es la medida de la naturaleza. Lo loco es que estamos acostumbrados a ver “organizaciones” armónicas, y aun así necesitamos de una regla para saber como hacer lo que la naturaleza hace sin regla ni cálculo alguno, sino por economía de recursos.
Este debe ser, sin dudas, uno de los secretos mecánicos de la belleza del bonsái que al interactuar con el artista conlleva a producir una obra de arte.

La proporción áurea
Al comienzo de nuestros caminos en el bonsái hemos escuchado que si tomamos a un bonsái como un todo y dividimos su altura en tres tercios, podemos generar “sectores” específicos en sus funciones. Primer tercio para destacar el nebari, segundo tercio para determinar nacimientos de primera rama, segunda rama, rama de fondo y el tercio final para la copa. Cuanto más alta la planta, más grandes los “sectores” y viceversa.
Esta forma de dividir en tercios tiene su explicación occidental a través de la proporción áurea, descripta por primera vez por Marco Vitruvio, recordado como el padre de la arquitectura.
La proporción áurea es la división armónica de una recta, de tal manera que el segmento menor es al segmento mayor como éste es a la longitud total de la recta. (Acá irían los cri-cri-cri de Eduardo Cujó).
Platón decía que era imposible combinar bien dos cosas sin una tercera, y para explicarlo, Vitruvio desarrolla este acuerdo entre medidas planteando la sección aúrea (relación entre los lados largos y cortos de un rectángulo y su diagonal). El resultado: el número áureo.


Transformando este gráfico en fórmulas matemáticas podemos decir que: a+b sobre c = a sobre b, o podemos decir que: a al cuadrado = a + b, y la solución es: a = b + raiz_cuadradra_de 5 sobre 2 que es igual a 1,6180339....

Ahora ¿cómo se relaciona esta proporción netamente matemática con la naturaleza? para eso tenemos que conocer a Fibonacci.

Leonardo de Pisa y los conejos locos
Nacido en 1775, hijo de un mercader italiano y criado por moros que lo llevaban consigo cuando comercializaban con la cultura árabe, lugar de donde adoptó la numeración arábiga, Fibonacci, como es conocido, planteó una fórmula para conocer la forma de crecimiento del capital de una persona y lo hizo a través de un problema de.... conejos.
Teniendo en cuenta que se parte de una pareja de conejos adultos que tardan un mes en tener otra pareja de conejos que también tardarán un mes en tener cría, ¿cuántos conejos tendremos en un año?
Primer mes 1 pareja nueva (1pn), segundo mes 1 pareja adulta (1pa), tercer mes 1pa+1pn (1 pareja nueva, cría de la pa), el cuarto mes 1pa+1pn+1pa (la adulta tiene una nueva pareja y la nueva del mes pasado se hace adulta), quinto mes 1pa+1pn+1pa+1pa+1pn, el sexto mes 1pa+1pn+1pa+1pa+1pn+1pa+1pn+1pa.
La relación se da sumando el número próximo con el próximo anterior: primer mes 1, segundo mes 1, tercer mes 2 (1+1), cuarto mes 3 (2+1), el quinto 5 (3+2), el sexto 8 (5+3), el séptimo 13 (8+5), el octavo 21 (13+8), el noveno 34 (21-13), el décimo 55 (34+21), el undécimo 89 (55+34) y el duodécimo 144 (89+55).


Los números de la secuencia de Fibonacci se encuentran en gran cantidad de elementos que nos rodean y más que nada en la naturaleza, desde la cantidad de pétalos de las flores hasta la disposición de las semillas en una flor de girasol, desde la forma de crecer de un brote nuevo hasta la disposición de los bronquios en el pulmón. Lo interesante de esta secuencia es que cuanto más avanzamos en ella y utilizamos los números sumados, por ejemplo 89=55+34, y los dividimos entre sí, 55/34, el resultado es 1.61764, un número muy aproximado al áureo.

Ahhhhhhhhh, no entendí nada
Un cálculo matemático relacionado con la armonía y una secuencia de números con fines “comerciales” que terminan en el mismo resultado. El número divino se lo llama justamente por eso, por estar en todos lados y aunque no lo pensemos, ahí está. Y si está en la naturaleza está en nosotros, y los ojos (que están en nuestros cuerpos) acostumbran ver tanto lo realizado por la naturaleza como lo hecho por el hombre. Las proporciones naturales se aplican en casi todos los elementos realizados por el hombre, desde la música hasta la arquitectura y “armonizan” con la memoria visual que llevamos dentro. Por eso nos hace ruido cuando vemos algo raro, fuera de proporción. Inmediatamente buscamos referenciarlo con algo, un elemento “proporcionado” que lo rodee y que haga entrar a lo no proporcionado en proporción.
Utilizando estos cálculos podemos potenciar la armonía de un bonsái, colocando las ramas en las zonas establecidas por los resultados matemáticos que llevarán al observador a sentirse cómodo visualmente abriéndole los ojos para recibir el mensaje del artista (mensaje que también debe ser claro).

Los orientales no hacían cálculos de este tipo, sino que las relaciones entre los elementos que conforman cada estilo fueron captadas por la observación directa de la naturaleza y luego desarrolladas hasta llegar a puntos del dragón, y armonías varias con multiplicaciones de unidades específicasy connotaciones religiosas-filosóficas.
Los occidentales necesitamos de un frío cálculo matemático para ponerle nombre a lo que la naturaleza nos enseñaba (aunque como muestra la historia fue un poco coincidencia). Igualmente la proporción áurea, como las leyes de las armonías orientales no son más que herramientas necesarias de aprender y practicar para que a la hora de trabajar no sean tenidas en cuenta, porque sólo hay que seguir lo que el ojo indica, un ojo muy acostumbrado a ver proporciones armónicas.


El hombre de Vitruvio, Leonardo Da Vinci aplica el cálculo de Marco Vitruvio al cuerpo humano

PD. Para la próxima estas proporciones aplicadas a un bonsái famoso y cómo aplicarlas a uno de nuestra colección.