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martes, 8 de junio de 2010

Gataflora

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Solo se llega más rápido,

juntos se llega más lejos.

Es rara esta vida del bonsái. Cuando todo parece estar cerca... aparecen más caminos para seguir, tanta teoría termina encarnándose y por cada paso que se avanza, los destinos se dividen, como construyendo una copa con ramificación secundaria, terciaria. Sólo que en esto no funciona siempre la salida de buscar al sol.
Desde el último post pasaron casi tres meses.
Pasó la Demo de Carlos Tramujas en el vivero de Wu, el segundo fin de semana de la Escuela con el Grupo Bonsái Shin en Córdoba, el inicio del curso de diseño en Bonsai Studio y el Encuentro en Ribeirão Preto, San Pablo, Brasil en donde tuve la oportunidad de trabajar junto con Louis Nel, de Sudáfrica -y transformarme en otro Samgoma argento, sumándome a Pablo Filgueira-, todo esto sumado al proyecto 200 Bonsáis Bicentenarios del foro. Y la revista, y la llegada de Robert Steven a nuestro país.

Trabajando junto con Louis Nel, de sudáfrica en Brasil

Y me ocurre que muchas veces, cuando me estiro en una silla para tomar ánimo y recomponer espíritu, me quedo mirando a la gente que pasa, sus movimientos, y como empleado eficiente, clasifico. Y acomodo. No sé por qué.
Tres meses de mucho movimiento dejaron una pila de tipologías de bonsaístas dandome vueltas en el buffer mental, y aunque entiendo que mucha gente quiere ver árboles, y técnicas, me gustaría hacer un ensayo sobre nosotros, los bonsaístas.

Cuando cerca de 1926 Kyuzo Murata se estableció en Omiya, Japón, nunca imaginó que se convertiría en el eslabón que mantendría la llama del bonsái tradicional al juntar la mayor cantidad de obras y protegerlas de los bombardeos de la segunda guerra, tampoco supo que ante la necesidad del hambre y la sed que dá el fracaso de la postguerra, al vender los primeros árboles a Occidente estaba dando origen a una forma de manoseo frígido del arte y el intelecto, lo que los argentinos llamamos Gataflorismo -NoHayNadaQueTeVengaBien-

Catálogo pantone de nosotros
-Pará, pará, no cortes... qué vas a hacer, y los brotes? no los elegís? pero si cortás... en qué maceta lo plantamos? (y si... te reís, pero es así).

Mucha teoría, mucha. Tenemos al que sabe mucho, sabe de tercios, de proporciones, de largos anchos altos y multiplicaciones. Dos y un cuarto para acá, tres y cuatro décimos para arriba. Picas, pulgadas, te miden la tierra en dm3. Son los que miden con una regla las agujas de los pinos y desaforados buscan una tijera “de corte cerámico” para que no se note que las achicaron.
También están los armónicos, los que con distinción colorimétrica ponen y sacan macetas que combinen con la corteza, las hojas, las flores y la mesa de la expo. Los proyectistas y diagramadores, los que dibujan lo que les gustaría hacer, pero después “esperan que brote” para tener las ramas que les pide el dibujo. Los tradicionales, los que para mantener la tradición copian modelos y formas de resolución sin buscar apoyo citológico y terminan con mucha experiencia para digerir, convertida en palos secos.
Pero los que más abundan son los inconformistas, que son los que no conformes con su conformismo, se quejan.
Con plantas que no paran de juntar años de potencialidad y miles de diseños vistos y proyectados en su “futuro” trabajo ven pasar las primaveras esperando que Gutenberg litografíe la Biblia del bonsái, y los milagros empiecen de una vez.
Hoy en día -usemos la palabra actualidad- todo está invadido de medios audiovisuales. Sin ir más lejos, este blog es parte de todo eso, y junto con esto apareció una forma de bonsaísta muy bien definida por Marco Invernizzi como “bonsaísta de escritorio”, que todo lo sabe, pero que muy pocas veces lo puede llevar a la práctica. Claro está que las redes sociales -Facebook, Twitter, MySpace- son el lugar ideal para otra forma de bonsaísta, el experto en marketing (la gran autobombo), o como se los llama “los velocistas”, capaces de pasar del anonimato al cielo sin escalas, con veinte comentarios favorables a una foto publicada.
Sumemos a los tranquilos: los líricos, los que dicen que “nada me importa”, los “no les des bola”, los solitarios, bohemios y conformistas.
Los inseguros, los que quieren saber con cuánto se riega, y si aparece alguien que para sacárselos de encima les dice: -“todas las mañanas lo regás con una tacita de café llena de agua” te pregunta si la taza tiene que ser grande, mediana o chica, con o sin asas...
Los locos del sustrato: 20% de arena, 15,4% de minileca, dos colillas de cigarrillos, tres hojas de ruda, un ojo de buho y 5 pelos de gato negro.
Los que jamás en la vida (ni en esta ni en las próximas veinticinco) van a exponer un árbol comprado porque la ética del arte y el cultivo tradicional no se los permite.
Los que suman pergaminos a su “sensei” para ser más importantes ellos -supongo que aplicarán el axioma de transitividad-.
Los “barman”, que mezclan y agitan noticias y dichos para sumar más confución a la confunción y después se hacen tarjetas personales con formato de estampitas.
Los que bailan “ropa a ropa”, y con delicada técnica espían por encima de los hombros midiendo que se van a llevar del conocimiento ajeno, haciéndolo suyo.
También están los positivos, los que por no ver que se te rompa el junípero te prestan sus últimos pedazos de rafia, y por falta, se les rompe a ellos.
Y por último, aunque estoy seguro que deben haber muchos más, van dos de los que más me gustan: los críticos expertos, que no necesitan desarrollo, y los que me gusta llamar “los apóstoles de Santo Tomás”: aquellos que condicionados por la envídia sólo saben decir que si no ven el trabajo, jamás van a creer en lo que escucharon sobre alguien.

Bonsái es mucho más que agarrar una mosca con dos palitos. Mucho más que limpiar agujas de pino arrodillado sobre un almohadón de seda. Más que el té verde, que repetir mil veces que es el camino a recorrer y por seguirlo casi ciego perderse del paisaje. Si hacer bonsái lleva una vida, yo la prefiero vivir en familia y con amigos, y si hacen bonsái, mejor.

Lo bueno de todo esto es que todos somos un poco de todo esto.
Lo mejor, es que nuestros árboles representan nuestras manías.

Dejemos el bonsái de lado.
Empecemos a hacer bonsái.

Suban el volumen, y disfruten del video




lunes, 8 de febrero de 2010

La experiencia no se improvisa

-Las cosas pasan cuando tienen que pasar...
...podés verlas pasar, o formar parte... eso si estas a la altura, porque sino se nota que te queda grande la pilcha, y en un “nada” pasas de casi bien vestido a mamarracho total, de casi jugar en primera a congelado en el banco de suplentes de la reserva. Yo sé lo que te digo: la experiencia se gana en la cancha, al chamuyo se lo come su propia sombra...
Cuando la moza traía la tercer botella de cerveza el consejoro se perdió entre el humo de los cigarrillos.

Verano de 2010 -enero-
Cuando la gente me pregunta que se necesita para hacer bonsái les contesto que casi todo se basa en la observación, y el talento y creatividad para poder transmitir mensajes a través de los árboles, pero que básicamente todo se trata de observar. La observación lleva al análisis, el análisis a la valoración del conocimiento y la autocrítica nos dice que nos falta y por dónde buscar.
Casi siempre recibo la misma cara de espanto, esa que dice “algo más?, observación, talento, creatividad y autocrítica?... dejá, gracias...”, por eso mi sorpresa al conocer a Héctor el encargado de la “animación” en el Camping Americano hizo que recordara estas palabras.
Un dominicano de 24 años que convencido por un clásico argentino que lo conoció en su trabajo en Punta Cana, se vino seguro de iba a trabajar en el paraíso. Y se dió cuenta de que no.
Y ahí empezó la observación, y en análisis y la autocrítica. Es muy interesante porque este lugar es como una ensalada de personas de todo el país, un lugar homogéneo argento, un lugar para tomar nota de como somos, entre nosotros y con los demás. A medida que observaba... comparaba. Y si, sin dudas se hace bonsái como se vive.
Héctor recibió siempre un camiones de discriminación, hasta que se aflojaban (los turistas) y empezaba la feliz convivencia. Como si se tratara de un sistema de defensa hacia lo desconocido.


HéctorHead” “Fido Dido

Y nos hicimos amigos. Y en una de esas noches en el parador de la playa mientras entre todos -menos él- tomábamos cerveza y hablamos de la vida, Héctor me dijo: mira Sergio, se puede engañar a los demás con palabras bonitas, pero siempre, siempre aparece la experiencia en juego, y la experiencia, amigo, la experiencia no se improvisa.
Observación, análisis y autocrítica, pensé. Pedí otra cerveza y me alegré de haber comprado mi ticket a Milán, para ir a trabajar con Salvatore Liporace a su vivero. La experiencia conlleva a la seguridad y a la credibilidad. Y la verdad no me gustaría sonar a improvisado.
Aparecen los aplausos y con ellos las responsabilidades, y aunque los primeros me incomoden un poco siento que cada uno de los que se deciden a aprender algo más de una manera un poco diferente merecen de mi parte el compromiso de la experiencia y no de la improvización.

Yamagordi day
-El jueves?, vamos el jueves? Daaaaaaaaaaale, decile a Julián y a Martín... y a Juancito. Ok, el jueves después del mediodía vamos a buscar olivos. Arreglado.
Y así fue. Año tras años mejoramos en las herramientas, en la organización. La locura depredadora del inicio se modificó con la búsqueda de ejemplares con posibilidades, buenos nebaris y “marcas en la piel”. Lo bueno es que ya no me preguntan cuál, ya saben. Experiencia que le dicen. Los mejores los encontró Julián, el mismo que desde arriba de una loma me grito: tío, viéndolos trabajar a ustedes (se refería a Juan, Gonzalo y a mi), con esas panzas, más que yamadori parecen que hacen yamagordi!!!!!.... Otra frase de señalador que quedará para siempre.

El grupo de la muerte II. Martín, Eu, Juan, Julián y Gonzalo.

Preparándolos para el viaje.

Grupo Shin en Córdoba, Studio Botánico en Milán y dulce de leche La Salamandra
Faltan horas para subir al avión que me lleve a San Pablo y de ahí a Milán. En este caso la experiencia de tantos vuelos anteriores no me calma la ansiedad que me generan los aviones (una forma romántica de decir miedo), pero llevo todo lo necesario para un viaje como este, a un vivero en donde hace -5 de noche y está todo nevado. LLevo dulce de leche.

Un poco del vivero de Salvatore, un mucho de la nieve.

Otra vista del lugar en donde se trabajan, entre otras cosas, junípero de taiwan.

Y de regreso, en cuanto me bajo del avión, me voy a Córdoba, a empezar con la escuela organizada por el Grupo Shin de Córdoba -Paco Capellades mediante-. Todo un desafío del que espero estar a la altura. Con un poco más de experiencia, mucho, mucho menos de improvización, pero con el compromiso de quien aprendió de su viejo a valorar “las oportunidades” más que a verlas pasar por delante, mientras sentado en un bar, espero que la moza traiga la tercer botella de cerveza.

lunes, 19 de octubre de 2009

Salir vivos

Si la estadística dice que un hombre vive en promedio hasta los 80 años, no me queda otra que valorar que al menos, llegué hasta a la mitad. No tan arruinado, no tan entero, con algunos detalles... eso si.
Levantar la mirada tratando de ver en años para atrás no me funciona, es que tengo memoria selectiva, la adiestré para eso; para mejor la segunda me la hace el tiempo, ese sí que sabe cómo hacerlo.
Familia, amigos, alegrías, garrones, parece que la vida tira todas las cartas del mazo y uno va levantando para tratar de hacer juego. Nunca un menos 10, aunque muchas veces estuve ahí nomás de lograrlo, sumar de a poco estira el juego y da tiempo al disfrute.
Así apareció el bonsái, y con él todos los amigos que los árboles tenían bajo sus copas.
Vasos y besos, viajes y demos, la tierra que se encarna en los pliegues de la mano, la pasión.
Entre los pinos y los buxus van a acomodar las cervezas, y más de un minigrito va a sonar cuando los chicos corran por entre medio de las plantas en el suelo, seguro que un “¡bajá la música!”, ese nunca falta.
Esto no era así pocos años atrás. Ahora entiendo a mi abuelo cuando no compartía que con una hoja de la “Costilla de Adán” (Monstera deliciosa) sí se podía inventar una choza para jugar con los primos hasta que llegara Papá Noel.
Pasan los años y perdemos frescura, elasticidad y la uña del dedo chiquito del pie que parece haber adquirido vida propia. Me pregunté por qué. Sentí que se trataba de salir rápido, lo menos dañado. Andrés Ciro me enseñó a disfrutar del paisaje, “se trata de no preguntar por el morfi, sino en comer y disfrutar” dice Juan “PitiFernández.
La afeitadora eléctrica me separaba de mi otro yo “ainda” con barba de 4 días cuando me volvió a sonar el “-tenés que ser menos irónico“, “-usá más palabras como me gustaría que, o desearía que”, “-vas muy rápido, bajá dos cambios”. Todo me resulta lento desde que mido el tiempo con una regla que sólo tiene marcas de primaveras, llevo 40, los que necesita un Goyomatsu para estar masomenos. Me acordé de la últimas palabras de Maradona.
Todo bien, denserio.
El tiempo es así, algunos lo coleccionan en tomos de historia, otros los atesoran en marcos con láminas de oro. Los menos lo calculan en zapatos gastados, y le suman vida.
En mi caso hago un esfuerzo para aprender a ser su amigo, del tiempo... no de los zapatos, y busco técnicas y hago pruebas para agregarle a mis árboles esos años que la vida no me va a dar, y tratar que aquel que tenga la amabilidad de observarlos los vea viejos, fuertes, árboles.
No estamos todos los que éramos, pero somos más. La vida cambia de mano y aunque juguemos fuerte siempre, siempre, la última la juega ella. Me volví a preguntar el por qué.
¡Mirá que hay cosas para disfrutar!, sin embargo esa maldita rosca y para peor, esa vueltita de más que solemos dar. Encima me doy cuenta tarde que la urgencia no se pelea con la soledad (como decía el pelado de la Bersuit) sino que trabajan en una sociedad ilícita, y ese “apuro” que me etiquetaron arrastró a una especie de “soledad” que hoy me deja con este sabor a “sin grupo de pertenencia”.
¿Será que me estoy poniendo viejo? Calavera no chilla, papá. No me quejo.
“-Sé políticamente correcto”, “-vos seguí así”, “-amigo, me siento orgulloso de vos”, “-pensar que te gastábamos con esto de las plantitas...”, “-no les des bola”, “-de última, Dieguito”.
Si pudiese saber de qué nos escondemos haría más chokkanes y menos literarios.
Vasos y besos amigos.
Tantos consejos me alegran el alma.
Ojalá me alcance la vida para devolverles un poco de lo que les robé.
A todos los que me aguantan esta locura, al trio ClauSofiaMarti, a mi familia, a mis amigos, a los que tratamos de hacer bonsái con el corazón, con tanta pasión que se nota desde otros países, a los que les sirvió este blog al menos para preguntarse por qué, a los que no están, a los que buscaron aires nuevos, los que usan el delantal de bonsái argento como una forma de complicidad. A los que no olvidan sus raíces y se florean con las arrugas del esfuerzo. ¡Mil millón gracias! brindo con todos ustedes.

Se hace bonsái como se vive.
Y yo... hago bonsái argento.

sábado, 3 de octubre de 2009

Bonsái de culto

Puede que sea la crisis de los 40.

Debería estar caminando con Sandra a Luján, ella dice que se lo prometí a la Virgen, yo sé que se lo prometí a Sandra, pero como cambió la fecha del Bonsái Matsuri en el Jardín Japonés de Buenos Aires, tendré que volver a prometerle a San que el año que viene voy seguro. Es como sacar un crédito para pagar un crédito, te lo prometo amiga.
Y un poco escuchándola a ella hablar de promesas y devociones, fue que se me ocurrió cambiar los personajes bíblicos por nosotros los que hacemos bonsái (sin comparación alguna), y fue ella la que no tardó mucho en preguntarme... por qué me reía...
Tengo muy pocos kilómetros hechos en este nuevo mundo, y aunque espero poder andar bastante (por lo menos gastar la mitad de las suelas de Paco de Coŕdoba) es que no pude dejar de hacer este ejercicio mental, y volver a repasar las veces que escuché y ví los pedidos sagrados a los “dioses” del bonsái. ¿Hay necesidad?
Sentarse, escuchar la misa, ver cumplir con la ceremonia, y al final preguntar: ¿me dijiste que lo pode cuándo?
Tengo menos kilómetros en esto de dar talleres, y aquellos que se animaron saben que una de las cosas que más pido es: estudio, investigación. Esas preguntas que uno hace al aire y que muchas veces no se escucha al hacerlas tranquilamente pueden ser respondidas con un poco de “sentarse y leer”, dependiendo del lugar a dónde se quiera llegar, alguna vez se tiene que hacer una inversión en uno mismo. Es mejor. Mil millón veces mejor. Se incorpora el concepto de una manera propia y, en el caso de que haga falta, se puede discernir en el taller con otros, pero con la posibilidad de avanzar en una re pregunta. Y además no se endiosa al de la ceremonia.
Bonsái no es una cuestión de fe.
Es sentir, expresarse, sentirse bien, conectarse con la naturaleza.
Aunque entiendo que hay muchos milagros dando vuelta.

Personal Jesus
Posiblemente este mini ensayo no sirva de mucho para aquellos que se babean por un comentario de su “sensei” de turno, aquellos que en cualquier conversación responde con un “eeee a mi me enseñaron así” y cargan en su haber unos 15 años de podas y trasplantes. Pero tal vez, y sólo tal vez, este mini ensayo se gané alguna vez las propiedades de profecía y quien sabe...
Desde que escuché el concepto de Oyakata -que alguna vez hablé un poco más extenso con Liporace- y la necesidad de muchos de usar el título de “sensei” como usamos el “che” fue que empezó a incomodarme esto de los títulos. ¿Cuál es la necesidad del título? ¿Acaso esto no genera una distancia entre personas del mismo círculo? La verdad mucho mucho no me dice cuánto sabés, si la forma de contagiar, de incentivar. Despertar en el otro las ganas, no la pereza con la mano extendida con el pago preparado.
Esta cosa loca de “chapear” por cuenta propia y por valor agregado... mmmm no sé. Eso es más de secta. Las sectas siempren terminan mal.
Si al final estamos mano a mano con una planta. El vacío de la hoja blanca del artista plástico se repite en cada trabajo, y si bien muchas veces una palabra de aliento ayuda a hacer (o a no hacer) sirve para empezar.
En mi caso particular me gusta escuchar hablar a los que tienen formas diferentes de ver el bonsái. Me pasó en Puerto Rico, me pasa acá, en Argentina, y me pasa cada vez más. Me gusta escuchar, no tanto hablar (no es necesaria esa cara que estás poniendo, sé que cuando hablo me cuesta parar). Me gusta ayudar, trabajar con otros. Me gusta mucho que me ayuden. Entonces aparece el significado de Oyakata y el de Sensei, aparece la confianza, el ida y vuelta. Aparece la amistad.
Y todo lo que es repetir el ritual hasta que se dé el milagro cambia. Y otra vez la sensación del buen hacer, y sentirse pleno al verse las uñas con tierra. No hubo palabra santa, no fue un rayo divino ni una mirada celestial del “sensei”. Hubo un disfrute personal y una valoración de las condiciones de cada uno. Te pintó (como decimos en el barrio), y lo hiciste.

Muchas de estas cosas las descubrí cuando descubrí a Zezao.
Muchas de estas cosas las descubrí viendo hacer bonsái a mis hijas.

Todo bien con los Oyakatas. Todo bien con los Senseis.
Yo creo mucho más en la amistad.
Y mucha más también en la sinceridad.



Rezo por vos

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lunes, 20 de abril de 2009

El hobbie de ser artista

Artista, suena raro.
Si le preguntáramos a las personas que hacen bonsái a nuestro alrededor si se consideran artistas, muchos (por no decir todos) dirían que no, que para eso falta, que sólo es un hobbie, que artistas son otros. Entonces aparece la pregunta, ¿cuándo se traspasa el límite entre hobbie y arte?, ¿acaso al hacer bonsái y estar constantemente combinando elementos de diseño elegidos según capacidades sensorialmente en forma creativa, no es hacer arte?
-Si, puede ser, pero artista suena raro.
Trasmitir ideas, generar sensaciones, hacer legible un mensaje. Comunicar.
La manipulación de significados y significantes hace que todo sea más fácil, la aridez, la lucha por la supervivencia, la soledad, el vacío, todos sustantivos de posible representación en un bonsái, todos vehículos de mensajes artísticos. Llamalo mostrar el carácter de la planta si te gusta. Yo lo llamo armonía de los elementos, artista y bonsái.

Hacerse cargo, no hay otra.
¡Warning! El arte no es morirte de frío

Cuando tanto interés se empieza a entremezclar con lo cotidiano y aparece como alternativa de bienestar, ese hobbie ya pasó de bando. Y ahí nace el arte, y con él... el que lo realiza (decilo nene, decilo).
Un artista se somete a un constante desafío entre conocimientos y experiencias, y el producto de esa movida intelectual se refleja en la obra, viva en nuestro caso. Y con la obra y el artista aparece la comparación, las malditas “reglas” para medir el talento, y la tan mentada permeabilidad a las críticas. Sólo el dinero diluye todo, transformando al artista en un profesional, eso calma.

Cuando iniciamos los talleres de diseño siempre trabajamos sobre el desarrollo artístico intelectual. Reglas, técnicas, tierra en las uñas, rafia mojada. Al modo de la Bauhaus cada uno se hace amigo de lo difícil para liberar su estilo, su mejor forma de trabajar. Su creatividad. Buscar hacer un trabajo tan personal que el mensaje que en él se lea cautive al observador, haciéndolo parte del bonsái.

Un poco de amor francés
-Dedicado a los que pasaron por el taller-

Personalmente, no puedo vivir sin mi arte.
Pero jamás he puesto ese arte por encima de toda otra cosa. Por el contrario, si él me es necesario, es porque no me separa de nadie y que me permite vivir, tal como soy, al nivel de todos. A mi ver, el arte no es una diversión solitaria. Es un medio de emocionar al mayor número de hombres ofreciéndoles una imagen privilegiada de dolores y alegrías comunes. Obliga, pues al artista a no aislarse; muchas veces he elegido su destino más universal. Y aquellos que muchas veces han elegido su destino de artistas porque se sentían distintos, aprenden pronto que no podrán nutrir su arte ni su diferencia sino confesando su semejanza con todos.
El artista se forja en ese perpetuo ir y venir de sí mismo a los demás; equidistantes entre la belleza, sin la cual no puede vivir, y la comunidad, de la cual no puede desprenderse. Por eso los verdaderos artistas no desdeñan nada; se obligan a comprender en vez de juzgar, y si han de tomar un partido en este mundo, este sólo puede ser el de una sociedad en la que según la gran frase de Nietzsche, no ha de reinar el juez sino el creador, sea trabajador o intelectual.

Albert Camus
La misión del escritor (fragmento)

Cautivar al observador, que mejor premio que ese.

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martes, 30 de diciembre de 2008

Bonsai argento

El año pasado recuerdo haber hecho un pequeño repaso con alguna que otra reflexión sobre los momentos y hechos más sobresalientes desde mis pupilas bonsaineras.
Y si bien este 2008 está cargados de momentos muy fuertes que han hecho grandes cambios en mi forma de ser, esta vez creo que podría resumirlo todo en una sola palabra: respeto.
Muchas veces, cuando estamos practicando bonsái, ciertos paradigmas filosóficos que son parte de la vida cotidiana aparecen en el momento de reflexión que nos dá el sentarnos con una planta enfrente, esperando ser trabajada. Un 2008 movidito.
Para Kant, el respeto es un fin en si mismo, por eso le dá el valor humano que llamamos, normalmente, dignidad.
El respeto es, en criollo, el reconocimiento de los sentimientos e intereses del otro, implica un sentiminto no egoísta por el otro; y muchas veces se confunde con tener buenos modales o ser amable, como diría Fito Paez, es una cuestión de actitud.
Detallar ejemplos de buen y mal uso del respeto sería irrespetuoso de mi parte, alcanza con leer los mensajes de tantos lectores y el silencio de muchos otros. Mis propios post.
Filosofía barata y zapatos de goma, pensaran.
Esa mentira te hace feliz, dice Charly.
Por un 2009 con más bonsái y menos política del bonsái. Feliz año nuevo.


Bien, bien argento

Yo soy el gaucho Zenón
pero los que me conocen bien
me dicen solamente.... zen

El maestro e´uno mismo
así dicen las culturas
así se hace carnadura
el vacío espiritual

Pero no es fácil sacarse de encima la educación
que en general solo sirve para crear confunción
te tiran un aluvión de datos e información
pero nadie te explicó pa que sirve todo eso

Te van absorviendo el seso
te queda como una nué
y ni mismo sabé
para que lado patiar

Pero lo importante, ja!
nadie te lo puede demostrar
conociéndote a vos mismo
va a entender otras cosas

Tené tu propio camino
empezalo a recorrer.

A veces tendrás algún guia
muchas otras lo harás solo
pero é la única forma de que aprendas cosas.... grosas

El ser generoso con vos
pa´ poder serlo con otros
el respetarte, no mentirte
tener línea de conducta
conocer tus puntos fuertes
pero....
también tus flaquezas.

Mirándote con franqueza
vas ganando destreza
esa experiencia de vida
hace que valga el esfuerzo
más cerca del Universo
estarás siendo valiente
y quizás en algún poniente

pases de alumno...
a maestro...

Martín Policastro




Martín Policastro, un amigo de la familia.
Participó en las muestras No Duele! en la Escuela Portal del Sol




jueves, 25 de diciembre de 2008

Carnaval toda la vida -la fiesta de bonsái puntoar-

La idea era simple, atemporal, pero simple. Festejar el aniversario de la revista que, aunque ya se había pasado unos meses, lo habíamos dejado para después del Congreso de la Felab para no “pisarnos”. Lo dejamos para diciembre, más exactamente 20 y 21 de diciembre.
Cadenas de mensajes cruzaron el país, pero como toda cadena, algún eslabón perdido no permitió que se cerrara el círculo. Una lástima para los que no pudieron venir.

El programa incluía: para el sábado desde las 14 hs. un taller al estilo de las partidas de ajedrez simultáneas. Cada cual con su planta se sometía a las ideas de Wu Hsiao-Feng, Marita Gurruchaga, Pablo Filgueira, Eduardo Cujó (que se vino desde Rosario) y las mias (que me vine desde Tapiales). A la vez, una expo general sin filtro (exponía el que quería y lo que quería) y los que llegaban tenían una papeleta votadora en donde escribían y elegían el mejor bonsái.
El Domingo arrancaba a las 11 hs. con una demo por equipos de 4 demostradores cada una.
Entrega de premios, comida, brindis y charlas varias que incluían deseos para el año próximo.

El taller simultáneo
Como las caras de “me están volviendo loco” se empezaron a repetir entre los que trabajaban ante las diferentes ideas, decidimos hacer una modificación en el proceso de análisis. Pusimos una planta por vez en el centro y cada uno explicaba los por qué e imaginaba un diseño posible. El dueño de la planta podía tomar nota de la solución que más le gustaba o correr locamente al mejor estilo Forest Gump.

El primero fue Pablo Filgueira, la planta, un Acer palmatum con un shari enorme en todo su frente.

Luego vino Wu, cambiando el frente por la espalda actual del árbol. Cada uno daba sus explicaciones y trataba de convencer al auditorio.

Eduardo Cujó, otro de los alineados con el cambio de fente para evitar terrible shari. La planta no era fácil y parte de la premisa era trabajar con los que había. No se podía plantar en tierra por unos años, ni acodar, ni injertar. Ni siquiera regalarla.

Cuando me tocó a mi, aparecieron las caras de “este está loco”. Un diseño con una sola rama y la reducción de la altura a menos de la mitad acentuando la línea del tronco sin esconder totalmente el gran shari.

Marcelo prefirió el acodo a la altura que muestran sus manos, aunque dijimos que no valía acodo, mucho no le importó.

Diego con un diseño intermedio entre el drástico Luciani y el armónico Cujó-Filgueira-Wu.

Dante, dueño del acer, decidió con la ayuda de Roque empezar por cortar la vieja copa y esperar a que se le acomoden tantas propuestas.

Apareció un olivo bonaerense, uno no mendocino y empezaron las diferentes formas de cultivo para esta especie según cada artista.



Terminamos practicando un defoliado y poda hasta tener ramas que justificaran un diseño más elaborado. Defoliado que practicaron Guty con Liliana.

De postre este ficus...

El domingo
Dos pinos de Alepo de Hirata-San y ocho demostradores. Las reglas eran sencillas, se sorteaban los participantes que conformarían cada equipo, se sorteaban las plantas. Diez minutos cada equipo para analizar el diseño, una explicación de qué se iba a hacer por parte de un participante por cada planta y luego, por espacio de media hora, una dupla trabajaba mientras la otra, que no podía ni hablarles, miraba, cumplida la primera media hora cambiaban los demostradores y los que estaban esperando terminaban el trabajo. Al final hubo unos diez minutos de trabajo grupal (los cuatro) para refinar.

Pino número 1.

Pino número 2.

Ya realizado el sorteo (se pusieron los nombres de cada demostrador en una maceta y se fueron sacando uno para cada lado) lo equipos quedaron conformados por: el equipo de Pablo, Diego, Liliana y Kaly y el otro por Marita, Eduardo, Marcelo y yo. Las plantas de “ellos” fue la número 1 la nuestra la número 2. Diez minutos de análisis a los que le agregamos la limitación de por ser diciembre evitar por todos los medios las podas drásticas además de la obligación de hacer torniquetes en todos los grandes cortes para evitar el “sangrado”.

Primera media hora, Pablo Filgueira y Diego Mosqueda en mesa 1, Marita Gurruchaga y Marcelo Oviedo en mesa 2.




Liliana entraba en acción, empezaba la segunda media hora, en mesa 1 Liliana Sabena y Kaly, en Mesa 2 Eduardo Cujó y yo.




Al final, diez minutos de cuatro por uno, coordinación al máximo, y que quede terminado.



Trabajo del equipo 1.

Trabajo del equipo 2.



Una experiencia muy divertida, hace a la confianza, a saber ubicarse dentro de la técnica que cada uno mejor maneja, del respeto por el trabajo del otro, de obedecer una voz de mando que no manda a los gritos sino que guía y se deja guiar.
Tenemos que hacer muchas más de estas demos. Trabajar en grupo debe ser uno de los momentos más difíciles en el diseño de un bonsái. No estamos hablando de ayudantes, sino que cada uno hacía lo que había ofrecido antes al equipo. Estaba el que hacía jin, el que alambraba, el que podaba, el que colocaba las ramas en su lugar. Muy interesante.


El concurso
Cada uno de los que participaba en el encuentro podía exponer y someter su planta a votación, estas fueron las tres más votadas.

Un Junípero de Marcelo Oviedo, una Portulacaria afro de Diego Mosqueda y un Cucharero de Liliana Sabena.
Cada unos con su premio, primer premio Marcelo, segundo Diego, tercero Liliana.

El momento en que Marita recibe una plaqueta en nombre de sus alumnos (todos noosotros) por los años brindados al bonsái en Argentina.

Broche de oro, la elección
Miss Bonsái argento 2008.


Y la ganadora del concurso de belleza. René haciendo gala de su increíble sonrisa y glamour. No me quise perder la foto, nunca tan cerca de la realeza.


Quiero dar las gracias en nombre de la revista Bonsái puntoar a todos los que se acercaron a esta celebración. A los que vinieron de muy lejos y a los que están siempre dispuestos. A las familias que nos acompañan. Lo mejor fue que lo que lo se pensó como un festejo anual terminó siendo el inicio de una serie de reuniones itinerantes en diferentes puntos del país. Estaremos en Rosario, en Córdoba, en Avellaneda, en Los Polvorines y en cada lugar donde haya un grupo de personas que se animen a trabajar en grupo. Ponerse de acuerdo, así de fácil. Hacer que el bonsái no sea sólo esa parte dura de las reglas, la tradición y la idolatría egocentrista. Salgamos a las calles, salgamos a hacer bonsái.



Feliz 2009 para todos.


domingo, 21 de diciembre de 2008

Vencedores vencidos

Raro.
Bueno, muy bueno. Pero raro. Se pueden sentir y descubrir los ingredientes de una bebida si se los busca, pero en definitiva creo que es eso, algo raro. Respirar hondo, tratar de limpiar los recuerdos y volver a probar. Mejora. Con el paso de los días mejora. Le falta añejado.

Como si de probar un vino se tratara, analizar lo ocurrido en el Jardín Japonés me parece eso mismo, algo raro, algo difícil, algo reservado para los que tiene buen paladar. El mío está más acostumbrado al mate y la cerveza, pero aprendo rápido.
Don Atahualpa decía en una de sus coplas que a diferencia del río que siempre va, uno pude volver. Yo, esta vez, me dejo llevar por el río.
Porque el Matsuri fue lo que la cronología pudo (o trató) de mostrar. Porque sólo puedo analizarla según lo que mis ojos vieron y seguro faltaron muchas cosas, porque al blog, desde que se publicaron los post de la Felab entraron más de 10.000 personas de todos lados para vernos, transformándose éste en algo parecido al Sitio Oficial de la convención, cuando en realidad no lo es. Y aparecieron los matices.
El Matsuri por un lado, nuestros detalles por el otro.

Un mudo con tu voz y un ciego como yo
A vuelo de pájaro la organización, la muestra, las demos, los etcéteras estuvieron muy bien, al menos para mi.
Un acercamiento hace saltar muchos detalles, detalles que muchas veces sólo se ven cuando se éstos llaman la atención y cuando los detalles, de tan obvios, te tocan la espalda y te invitan a que los veas. Lamentablemente para un Indiana Jones de los detalles, alinearlos y ver que tienen un núcleo en común permiten generar una historia, y las historias tienen personajes, los malos y los buenos. ¿Si la gente que vino de afuera lo notó? Poco importa ya. ¿Si se hubiese trabajado con un conjunto de personas más grande evitando tanto amiguismo, muchos de estos detalles seguro hoy no los recordaríamos?, que se yo.

Cada cual carga sus cruces como puede.
Usé esta letra de Iván Noble en algún momento. Cuando la verticalidad se tranforma en el modus operandis todos pasamos a ser Natalias Natalias.
Hacemos bonsái para divertirnos, no para joder al otro. Pero parece que el bonsai soul argentino no piensa lo mismo, y eso se vio reflejado en los mensajes.
No importa el bonsái.
A nadie le importa el bonsái cuando se defiende una posición por el sólo hecho de defenderla.
Me voy corriendo a ver qué escribe en mi pared la tribu de tu barrio. ¿Los Redondos hacían bonsái? Detalles divertidos, agites espumantes, división de grupos y lo más importante, el no ser nadie el que se es en realidad.
Muchos escribieron sin ser los que eran y los que son no pudieron separarse del montón.
Ahí me saltó la ficha.
Depende para qué se hace bonsái, dónde se hace y para quién.
Yo quiero ser vos, entonces digo lo que decís vos pero sin ser vos para que sueno a que sé lo que vos siempre decís pero agrediendo a la gente como vos (permiso M. Fierro por el recurso) si firmar con mi nombre. Reglas del juego. Por algo pasa.
El que no se deja bardear, contesta como le gustaría ser pero que no es porque mano a mano jamás sería lo que puso desde un lugar que no es.
¿Alguien tiene ideal de cuánta gente hace bonsái en Argentina? ¿A cuántos se le puede ocurrir la ridícula imagen de que exista un rey del bonsái argentino?
Seguimos analizando detalles y personas, seguimos sin hablar de bonsái.
¿Del Matsuri? ya me olvidé.
La foto con el maestro no vale los codazos en los ojos ni los ganchos al mentón. El saber no se traspasa por ósmosis, el saber es estudio y laburo, es práctica y error, nadie tiene el derecho de ser patovica de bonsái.

En la misma habitación pero en la vereda de enfrente (el Bordo)
El concurso Senior del Matsuri viene dándose golpes sin sentido, desde hace unos 4 años (cuatro de seis en el aire) con maniobras que son distracciones involuntarias, pero que en el marco de una competencia se transforman en tácticas de guerra fría. Que las plantas seleccionadas a dedo, que jurados que no estaban y aparecen magicamente, que había ganado uno pero le tocaba al grupo de los otros. Basta. Las giladas le quitan mérito al los ganadores. Los detalles vuelven a tapar lo que realmente vale la pena. Seguimos sin hablar de bonsái.
Por eso, y teniendo en cuenta que muchos ya no quieren que participen los mismos es que me ofrezco a organizar el Concurso Senior. Ya no escuchar quejas ni ser parte de ellas. Colaborar. Tal vez la experiencia de estar cuatro años del otro lado sirvan para hacer de una vez por todas totalmente transparente a este concurso que si no cambia, estimados, no hace otra cosa que pedir a gritos que se genere otro concurso. Uno sin sospechas.

Tu perro, un perro cruel, con la costumbre de no contentarse con los restos
Actitud, faltó un poco de actitud y sobró cinismo al momento de criticar.
Sé que no soy el más indicado para comentar muchas cosas, pero también sé que muchas cosas no las repetiría y me avergüenza recordarlas. Y eso que fueron pocas, y eso que fueron dos.
Cuando empezaron a aparecer mensajes a mi casilla de meil dejando leer entrelíneas que acompañaban mi “causa”, me dió mucha pena. Por mí, principalmente, y por tantas voces vedadas, que temen no sé a que. Tampoco considero que exista una actitud en ese sentido. Prefiero llamarlos humores pasajeros. Falta de roce, de rocío, de adoquín, de apoyar los codos en el mostrador y pedir algo para tomar sabiendo que te gusta y no sólo porque esté de moda.
Saber que alcanza con lo que te gusta y no con sacarle lo que le gusta al otro.
Vencedores vencidos. ¿Quién es el vencedor, quién el vencido?
Todos queremos ser lo que no somos.
Todos contestamos y escribimos como si fuéramos lo que nos gustaría ser, pero no somos.
Todos somos todos.
Nadie ganó.
Un pin, una foto, un blog, un premio de una planta que ni presentaste. Todos aplaudimos con ganas, aplaudimos y comentamos por sobre el hombro.
Cosas de pibes de barrio.
La de sopa que nos falta tomar.

Sergio



Árbol, No soy yo, sos vos

Nota al pie: ya no hay notas al pie.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Felab 2008 - Walter Pall


Cuando empecé en este loco mundo del bonsái (10 años desde el primer curso, unos 6 desde que le pongo ganas) fui educado y adoctrinado bajo las reglas de John Naka. Los estilos, la línea y los elementos y principios del diseño se fueron agregando a medida que, ficha tras ficha, me iban cayendo los conceptos y podía interactuar mi profesión de diseñador con la del “ojalá algún día artista”. Después apareció Liporace y una versión nueva de la misma canción. La letra era la misma, cambiaba el ritmo y el tono. 
En medio de este camino vi muchos paisajes, paré en varios bares y hasta compré souvenires de otros artistas pensando, en ese momento que todo era parte del “mundo del bonsái”. Pero nunca, en tantas oportunidades de ver demostraciones y participar en otras, nunca había escuchado un concepto como el que Walter Pall dijo de forma totalmente natural: -hay árboles que se diseñan utilizando las reglas del bonsái, transformándose en bonsáis y otros son árboles en macetas, sólo eso, mantienen la belleza natural que les brindó la naturaleza y son tan bellos como árboles que no merecen ser rediseñados para hacerlos bonsái. Son eso, árboles en macetas, árboles que se ven de todos lados, que tienen múltiples frentes (cabe recordar que a la mañana había dado una charla sobre diseño mostrando la evolución de muchos de sus famosos árboles)
Árboles en macetas... pensé en la eterna discusión del “estilo natural” contra las reglas. Pensé en las veces que leyendo el foro de su página me había puesto a imaginar la forma de pensar europea sobre el bonsái. Árboles en macetas... Voy a tener que sacar turno con mi analista.

Un dedo, un alambre y cuarenta dibujos ahí en el piso
Un ciruelo de Wu (parecía que todo iba a ser de Wu hasta que apareció el “perdonamesinuncaloví” pino de Pablo que trabajó Kunio.
Un árbol viejo, mostrando con mucho orgullo su brotación del año y esas clásicas ramas bien largas y repletas de hojas.

Walter Pall analizó el material y decidió transformarlo en un “árbol en maceta” explicando que si realmente debía transformarlo en bonsái tenía que arrancar con una poda drástica para partir de una línea de tronco definida.

Al mejor estilo Pedro Morales, una defoliada completa hace participar al público y permite ver la estructura con la que cuenta el árbol y poder alambrar con mayor comodidad.

Uno de los ayudantes defoliadores fue el mismo Kaly, un experto en desnudar “árboles”.

Pero, como parecía que daba para más gente, también subieron Alejandro y Tersio.

Mientras el otoño “fuera de época” le deshojaba al prunus, Walter idealizaba la copa que, después del tratamiento, el ciruelo luciría. Para Walter, 4 años es un tiempo normal en la formación de un árbol.


Al igual que Kunio y que otros (no muchos) demostradores, Walter Pall utilizaba su cuerpo y hacía movimientos al mejor estilo Tai-chi para mostrar la forma de crecimiento según diferentes condiciones externas.

Ya desnudo, fue necesaria una poda de algunas ramas viejas, aprovechó para contarnos su forma natural de proteger la madera muerta y las cicatrices grandes. Básicamente controla que se cierren solas, sin agregados químicos, sólo en los casos necesarios, sino los deja así, naturales.



Una limpieza de ramitas muertas y de las que crecían hacia adentro fue necesaria antes del alambrado, Wu participó de la poda y controlaba con su ojo adiestrado.




Luego de la poda empezó el alambrado de todas las ramas. -Todas son todas (diría Pedro Morales) y fueron todas. Volvieron los ayudantes.


Este detalle del pantalón de Kali es una señal. Ojalá el bonsái argentino pueda encastrarse de una vez por todas, formando una figura que nos quede cómoda y feliz a todos.

Una vez alambrado, Walter dobló cada rama colocando un dedo cerca del nacimiento de la ramita para usarlo de apoyo al momento de doblarla. De esta forma se garantiza que no se quiebre ni desgaje en su nacimiento/unión con el tronco, luego gira las puntas hacia arriba (al estilo junípero) y disimula el arco artificial del doblado con un poco de modelado.

El “árbol en maceta” terminado. Seguramente esta demostración traerá algunas opiniones encontradas: que por qué no le cambió el ángulo de plantado, que por qué no lo cortó de una, que por qué en vez de pensar en las nubes o densidad del follaje a futuro no trabajó la línea del tronco.... El árbol se emprolijó, se refinó. Habrá que esperarlo para verlo brotado y notar la diferencia. Al menos Wu sonríe. No es fácil llegar a una planta tan desarrollada y tan saludable.


Nota al pie (y van...): leyendo y releyendo los mensajes que escriben quiero agradecerles a todos, los con modales y los con menos modales, por elegir este espacio como lugar de intercambio de opiniones. Todos saben que este blog no tiene sponsor, ni hace propagandas, ni pide donaciones para mantenerlo on line. Tampoco es un foro, ni siquiera es una puerta a un foro o un foro que redirecciona a un blog. Es un blog y nada más. En este caso, el del Congreso de la Felab, me tomé la licencia de correrme un poco de mi forma de escribir para tratar de ser un cronista de lo que pasó (creo que ya lo dije), vuelvo a reiterar, más o menos visitas no me hacen mejor a mi en lo personal, sino que permite a otros ver lo que hacemos en nuestro país. Como consejo (aunque estoy lejos de dar consejos) eviten la discusiones vacías y cambien por análisis y propuestas, porque, aunque es una forma más pesada y dura, es la manera más rápida de crecer. Evitar no significa no escribir. Pablo dixit -si no opinamos (escribiendo) queda el espacio para que lo llenen aquellos que sólo quieren hacer bardo.

Sergio