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martes, 15 de abril de 2008

Olivo -sweet sahumerio-

Acebuche, dijo y la picardía del barrio me llevó por delante.
-¿Acebuche?, le pregunté con una ceja levantada y la nariz entre fruncida y repingada. ¿Acebuche o hacé buche? (que en lunfardo es como increpar a un soplón).
-No salame, Acebuche, es un olivo salvaje. Y antes que me preguntes no da aceitunas que haya que domar, son más chiquitas, pero da igual.

De la familia de las Oleáceas, el Acebuche es un olivo silvestre que injertado, se convierte en olivo de cultivo y producción. Planta con historia y al mejor estilo de bailarina de Tinelli, supo aparecer en todos los registros escritos de todas las culturas mediterráneas desde hace más de 5000 años. Hablaron del acebuche en Siria, en Grecia, en Egipto en Creta y hay leyendas como la de Herades que clavó su lanza hecha de madera de acebuche en el templo de Zeus y que al brotar (la lanza) se convirtió en un enorme árbol sagrado. De una u otra manera, todas estas historia no hacen más que resaltar una característica, es un árbol resistente y muy longevo.

En Argentina se cultiva en la región de Cuyo y también el lunfardo porteño supo articular su sonido; olivar o tomarse el olivo no es otra cosa que irse, huir y como ilustración de diccionario así comenzó esta historia.

Prólogo
Para mi, las vacaciones se sintetizan en tres elementos extra familiares, la hamaca bahiana, la parrilla y el fernét. Recostarme en la hamaca revisando la cocción del asado al ritmo del ir y venir con un vaso de fernét con cubitos es lo que necesito. Corría el año 2005, mes de febrero, cuando al bajarme de la hamaca y al tratar de fijar la vista en algo, lo . El tronco, las terribles ramas largas, el verde oscuro de las hojas, -¡mirá lo que encontré! dije mientras movía los dedos de los pies sin lograr sacarme la tierra de la ojotas.
-Olivá con eso de acá... No entra en el auto...
Acababa de nacer una nueva relación.

El proyecto, primera parte: ¡relajate papá!

Una vez en el vivero, y teniendo en cuenta que era pleno verano, planté el acebuche en una palangana con aires de balde, suelo bien suelto (40% compost y 60% de arena gruesa) y lo dejé brotar. Sólo até una rama, pero de vicioso. Tenía muchas ganas de trabajarlo.

Esperó hasta la primavera para brotar, Septiembre de 2006.

Utilicé el método de cortar y dejar crecer tratando de orientar las ramas, me duró lo que tardaron las hormigas negras en descubrirlo. Al volver a brotar seleccioné algunas ramas quedando un diseño poco feliz, muy poco feliz, poquísimo...


Este es el estado en noviembre de 2006, después de la poda lo trasplanté a una maceta de entrenamiento, había recuperado gran parte del sistema radicular, aunque los acebuches (que guardan gran cantidad de reservas en la base del tronco) suelen emitir raíces con facilidad.


El proyecto, segunda parte: así corazón, así..

Las ramas ya habían desarrollado y era hora de empezar con su entrenamiento para convertirlo en bonsái. Investigación mediante, decidí un diseño con ribetes históricos, es decir, mucha madera muerta y un espíritu de soledad con chispas de paciente espera.
Los acebuches, cuando algo le pasa al tronco (enfermedad, parásitos o accidente), rebrotan de su base y generan un nuevo tronco.

Otra vez con la ayuda de los lápices del colegio de mis hijas, imaginé el diseño. Agosto de 2007.

Vista trasera.

Empezamos sacando la corteza para descubrir nudos interesantes, pelamos suave siguiendo la marca que marcamos con una tiza.

Tres momentos del trabajo de madera en la rama más larga y la definición de la vena viva. Inicialmente la vena ocupa un espacio más ancho del que tendrá avanzado el diseño.

Emprolijamos los cortes tratando de que el filo de la corteza y el cambium queden biselados hacia adentro.

Utilizamos el soplete para marcar contrastes en la madera trabajada anteriormente con torno y cepillo de alambre, quemar las virutas que hayan quedado y, lo más interesante, secar la madera para luego mojarla y repetir esta acción varias veces hasta craquelarla, agregándole el efecto que dá los años.

Sellamos los cortes con pasta selladora (usé una que traje de Brasil).

Y el paso más importante en relación a la conservación de madera en árboles sin resina. Aunque la madera del acebuche es bien compacta, luego de aplicar el efecto craquelado, de pasarle una mano de polisulfuro y volver a craquelar, le apliqué una pasada de aceite de lino (técnica enseñada mano a mano por Salvatore Liporacce). El aceite se mete en los poros de la madera y en la grietas, protegiéndola de posibles ataques de hongos.

Así quedó después de unos días de trabajo, quedaba abonarlo, regarlo y esperar a que brotara.


El proyecto, tercera parte: va queriendo...




Estado actual, abril de 2008. Bastante parecido al dibujo. En Septiembre va a encontrarse con su maceta definitiva.
Lo bueno de trabajar con acebuches es que si uno no los mata, tiene asegurado unos 600 años como mínimo para aprender a hacer bonsái.

4 comentarios:

MIMOZO dijo...

MUY BIEN. ASI VALE LA PENA ESPERAR POR CADA NUEVA PRESENTACION QUE REALIZAS, SE NOTA EL TRABAJO Y LA PRODUCCION. ESTE BLOG CADA VEZ ESTA MAS INTERESANTE Y SE NOTA QUE LE PONES "PILA PILA".

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Tersio dijo...

Sergio, por fin conozco tu espacio, este trabajo me gusto mucho, además es como que lo fuiste depurando y junto con él se llego a un diseño y resultado para mi exelente.
Saludos y Gracias

Sahumerio dijo...

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