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jueves, 28 de febrero de 2008

Cyca, Garu y Pucca

Garu, Puca y una pintura que representa
una cyca bonsái con su nombre escrito.


Fue así, fue viendo a Pucca en la tele que se me ocurrió escribir acerca de las cycas.
Todo empezó una tarde en la que estaba cortando las hojas viejas de una de estas plantas cuando me llamó la atención que siempre estaban solas. Me puse a investigar.

Bonsái argento investiga

Descubiertas por el sueco Carl Peter Thunberg (1743-1828) allá por 1782, y publicadas en su libro Flora Japónica, las cycadaceas (que son un montón) son originarias del sur de Japón, China, y gran parte del pacífico, también hay una especie oriunda de África.


Planta de crecimiento extremadamente lento, se pueden ver en la naturaleza algunas que llegan a medir unos 9 metros de altura, claro para llegar a eso tarda unos 150 años.


Grupo de cycas. Foto tomada en Ryukyun, circa 1900.


La más utilizada para bonsái es la cyca revoluta, que debe su revoluta a la forma enrollada que toman las hojas al nacer.

Cyca bonsái. Este viejo ejemplar muestra los brotes laterales, típicos de esta especie. (Pertenece a Marita Gurruchaga)


Lo interesante que al ser una gimnosperma (las semillas no están en un ovario cerrado) se me ocurrió investigar sobre la forma que tiene de polinizarse, y de tanto buscar encontré que en la isla de Ryukyun al sur de Japón o en Fukien en China, viven en grupos, en grandes extensiones ¡hasta colgando de acantilados!


Dos imágenes del hábitat de las cycas.
Si bien no necesitan un terreno demasiado fértil,
agradecen tener una humedad relativa alta en las hojas.



Y así es la inspiración. Una foto, una imagen y enseguida aparece la posibilidad de tratar de hacer algo parecido a lo que se ve.
Hay muchas cycas solitarias.
Probemos algo diferente, tengo las fotos, tengo la información, tengo la ficha técnica con las necesidades de crecimiento de esta especie.
Tengo la secuencia de las fotos de cuando lo hice.

Todo empezó en agosto de 2004, nueve plantas que venia cultivando desde hacía unos 3 años, hijos de una gran cyca de unos 60 años de una quinta familiar en Monte Grande.
Los materiales necesarios fueron: una laja San Luis de unos 70 centímetros de largo (como dicen los que saben con la forma del mapa de sudamérica) (sic), un poco de mezcla de arcilla y turba para levantar paredes de contención y compost con un 60% de arena de río.

La disposición de las plantas sobre la laja fue realizada en forma tradicional, perspectiva cercana, es decir, el árbol más grande al frente y a partir de ese dos focos visuales sin interposición de elementos en forma lineal con relación al espectador y hacia los lados (en lenguaje de barrio: la planta más grande adelante y mirando de frente y desde los laterales que ninguna tape a la otra).

Vista en agosto de 2004.

En diciembre del mismo año, el “bosque” fue defoliado por completo. No tardaron mucho en empezaban a brotar las nuevas hojas. La vista no era muy prometedora, sin embargo fue suficiente para que una de mis hijas lo bautizara el bosque de ananás.


Combinando el defoliado y el poco regado, la cyca achica muy bien las hojas.

Detalle de la nueva brotación.

Como cosa rara, el bosque de ananás empezó a aparecer en exposiciones varias. Agregadas dos plantas nuevas que remplazaron a otras que se secaron, este es el estado del grupo en octubre de 2006.



La pregunta es qué tiene que ver Pucca con una cyca. Dejámelo pensar. Dame.... 7 años, los que dice Kimura que se necesitan para aprender a hacer bonsái.

lunes, 18 de febrero de 2008

No le pidas peras al Buxus (versión remixada)

El calor hace eso. Da fiaca. Y a veces aparece el embole. Y como todos sabemos un bonsaísta aburrido es capaz de comer una docena de facturas solo, y si empezamos con facturas, seguimos con una picada, acompañada por un ferné o unas cervezas, que terminan en el clásico asadito. Y si hay asadito, hay helado.
Podríamos decir que el calor da fiaca, embola y engorda.

Debe de haber sido por eso que a medida que nos cocinábamos a fuego lento mientras le sacábamos los yuyos a los bonsái del vivero de Marita, Diego me dijo, -Che, hay que inventar algo con el tema de los buxus, están re largos. Encima la madera es dura como para doblarla, más que nada la madera vieja.
-¿Y si los defoliamos?, le dije mientras me despegaba la remera del cuerpo.
-Estás loco!, ¿cómo vas a defoliar un buxus...? si hay veces que los cortás de más y esas ramas terminan secándose.
-Vamos a probar, defoliamos uno de los chiquitos y vemos, hagamos lo mismo que cuando defoliamos los olivos. Si funciona el grosso soy yo, si se muere fuiste vos.
Me pareció que con una mueca me dijo que si.

Primer paso, buscar a la víctima.
Normalmente el Buxus sempervirens es uno de los conocidos yamadoris urbanos. Mucha gente los planta en veredas y cercos y 20 o 30 años después los sacan y los tiran. Y ahí estamos nosotros, recuperando. Estos ejemplares, estudio mediante, terminan siendo cortados bruscamente para poder utilizar las bases que, casi siempre, tienen esos detalles que sólo dan los años. Textura de la corteza, color, tamaño de hojas. Sin dudas es una planta que siempre nos ayuda a encontrar buenos resultados.
En este caso elegimos una planta jóven, de vivero, en buen estado de salud, y con muchas hojas. Ramas estiradas y entrenudos cortos y largos. Pobre planta, fue el primer pensamiento que se me cruzó.


Segundo paso, la técnica.
La idea era aplicar la misma forma de defoliar que aplicamos a los olivos, es decir, cortar las hojas por los pecíolos dejando las dos que están más a la punta de cada rama. Es importante en el caso de ser una planta ya diseñada, sacar un poco de ramas para dejar entrar el sol y favorecer el desarrollo de las yemas axiales, además de tener que defoliar menos...
La planta defoliada quedó semindesnuda. En realidad lo que le hicimos fue una defoliación parcial en todas las ramas, sin preocuparnos por aprovechar el desarrollo específico de alguna zona en particular. Era una prueba.


Un detalle de una rama antes de ser defoliada.


La misma rama con el defoliado parcial.


Tercer paso, la paciencia de la araña.
La planta volvió al lugar que estaba antes de ser defoliada, protegida del sol directo, pero bien aireada. Sólo nos quedaba esperar.
Y eso hicimos.

(Un mes después)

Cuarto paso, el tiempo es veloz. David Lebón.
Funcionó. Si bien no brotó específicamente por todas las yemas axiales que le habíamos dejado, broto bien. Con hojas más chicas que las que tenía. Brotes que generaron ramitas con entrenudos mucho más cortos.



Ahora vamos a esperar un poco más de tiempo, vamos a poner la planta al sol para ver que es lo que hace y dentro de un mes, le sacamos otra foto.