“Ni el vacío ni las formas pueden existir por separado”
Un bonsái tiene el privilegio de poder acaparar toda la atención del observador, puede despojar de presente e invitar a soñar. Hacernos recordar lugares que quedaron en la memoria, o generar un intrincado laberinto para atrapar nuestra mirada por un largo rato. Eso es lo que puede, no significa que siempre lo logre.
El mensaje que emana la representación del árbol tiene un inicio en la idea del artista (todos nosotros) y un final incierto: la lectura del observador. Nos valemos de reglas, técnicas, herramientas y “formas” particulares de trabajo para transformar una masa de verde natural en una estilizada masa de verde natural; seguimos el recorrido de una línea de tronco que nos indica la manera más armónica de ubicar las ramas, podamos, alambramos, “modelamos”. Sacamos aquello que queda fuera del diseño y empezamos a jugar con el vacío.
Todo aquello que ocupa un lugar físico se lo denomina espacio “positivo”, al vacío espacio “negativo”. Para que exista uno se necesita del otro, el balance entre ellos genera una tensión visual - sensitiva. Hay momentos del cultivo en donde los espacios negativos son mayores que los positivos y hay diseño que contemplan mayores vacíos, mayores silencios. Lo interesante de este arte es que muchas, muchas veces el silencio habla mucho más.
La forma de plantear un bosque en una laja tiene acción directa sobre este tema. La cantidad de ramas a utilizar en un Chokkan, también. “Bonsái es agregar vacío al árbol” decía John Naka, Nagatoshi le pasaba la mano entre las capas de verde como quien estira las arrugas de una sábana (una arrugada). El vacío entre ramas trae consigo varios significados: la espera del crecimiento, la entrada de aire y luz que permita ver las líneas del tronco, las texturas. La falta de espacio, de silencios genera ahogo, pesadez. El balance entre ambos genera una sensación de bienestar.
Para apoyar el concepto, este post no lleva imágenes, tal vez sobren letras, tal vez falten fotos. La finalidad es obligar a imaginar gráficamente lo descripto, al punto de querer ver algo que reafirme la teoría. Y para ello qué mejor que Jhon Cage y su obra maestra “The Sound of the silence”. Hay que verlo todo, hay que poder sentir que no se necesita mucho para acaparar todo.
viernes, 20 de marzo de 2009
domingo, 8 de marzo de 2009
Proporciones -diseño quinta parte-
Uno de los consejos que Marita siempre me repite a la hora de trabajar en los talleres es el de NO EXPLICAR CON EL ERROR. Qué quiere decir esto, que se deben utilizar ejemplos correctos para reforzar ideas y no decir: -esto no se hace, esto está mal. Así no! Se fija el error como patrón de control y aparece la regla que mide la frustración.
La canción era conseguir árboles reconocido y analizarlos para ver si, aplicándoles las reglas, los artistas las respetaban. Y empecé a buscar. Y me dí cuenta que no tenía que hacerlo, la mejor manera era agarrar al azar algunos y meterlos al tomógrafo virtual para ver de qué adolecían.
Doctor Keisi, doctor Keisi... lo esperan en cirugía
El primero fue un Kimura, un junípero shimpaku de la colección que expone en su jardín privado. Vale aclarar que como las medidas de los árboles analizados son difíciles de conseguir (aún no leo japonés, y Sebastián no me enseña) utilicé medidas inventadas. El por qué de esta decisión tiene que ver con que si los maestros trabajan con las leyes de la armonía y mantienen la relación de la secuencia de Fibonacci o, lo que es lo mismo, el número aúreo (1.61) las medidas pueden ir desde los 10 cmts a los 23 metros de altura, que cada elemento estará en su lugar. Así que, enfermera, haga pasar al primero.
Uno de los árboles famosos de Kimura, impresionante el punto focal, el tronco es un imán para los ojos que suben por las vetas hasta el contraste del verde y su masa ordenada. De arranque se lo ve armónico, nada “hace ruido” en los ojos, tal vez la rama baja trasera, pero seguro es una ilusión de la foto. Veamos lo que dice sin ropa.
La prueba de los tres tercios, el 1ro mantiene la síntesis de elementos y realza el nebari junto con la expresión de la madera. Dentro del segundo tercio se disponen las masas de verde y se cierran en la copa que ocupa el tercer tercio.
Hagamos de cuenta que la planta mide 120cmts de alto (que anda por ahí), le aplicamos el factor áureo (1.61) y empezamos con la calculadora: 120/1.61=74.53, medimos y trazamos la línea de la primera rama (amarilla) (la línea, no la rama); el espacio que queda entre la línea que indica el lugar en donde debería estar la primera rama se divide por el número áureo de nuevo: 74.53/1.61=46.29 (línea verde); para controlar si dividimos esa medida (46.29) por 1.61 debería indicar la posición en donde nace la copa: 28.75 cmts.
El resultado a la vista.
Contagiando robustez, este bonsái tiene un extraño magnetismo basado en las líneas rectas del tranco y la disposición casi paralela del follaje. Un trabajo voluminoso. No dejemos que la primera impresión se lo lleve todo: al tomógrafo.
A diferencia del primer caso, en este el primer tercio contiene al nebari y la 1ra, 2da, 3ra y 4ta rama (sin contar las traseras), después mantiene la regla.
Al aplicarle la secuencia con el divisor áureo nos encontramos con esas ramas bajas que nos hacía ruido, se genera una competencia entre la rama bien baja y el nebari. Falta aire, sensación de compresión, de peso.
Si lo inscribimos en la fórmula, la apariencia del árbol sería algo como esto; se despeja el primer tercio y unos jins muy cortos de las ramas bajas le agregarían un poco de dinamismo. Ahora... creo que es un excelente ejemplo de la intesionalidad aplicada por el artista, las ramas bajas tienen la posibilidad de no estar, sin embargo el manejo del volumen hace que se genere una tensión en el observador que lo lleva a pedir a gritos que ¡corten las ramas bajas! Eso es el mensaje, la finalidad, el manejo de lo sensorial por parte del diseñador. ¿Está mal, está bien? ¿Importa? No se pone a la ruptura de la regla como una excusa para decir “si a mi me gusta está bien”, sino que se hace uso de la estrategia en forma consciente, no es fácil angustiar al observador y relajarlo minutos después. Y todo sin hablar.
Un pino blanco con un tronco sin curvas pronunciadas que obligaron al maestro a utilizar las ramas para desviar la mirada, cortando tanta monotonía con grupos de verde muy estructurados. Aun así no pierde la sensación de naturalidad.
Como en el caso anterior, en este trabajo también el 1er tercio tiene ramas, aunque parecería que vienen desde atrás. Lo demás: dentro de la regla de los tercios.
El análisis con las medidas áureas y la confirmación de que el grupo que nace del codo del tronco se ubica dentro del primer tercio.
Si respetáramos la regla el árbol, tendría un aspecto parecido a este (en todos los casos se reutilizó los grupos de verde ya existentes). El árbol pierde balance y la única forma de acomodarlo sería bajando una rama hasta al menos, un poco por debajo de la línea amarilla, lugar donde tendría que estar la primera rama.
Sin buscar ser irrespetuoso del trabajo ajeno, el análisis de obras maestras es, muchas veces, una buena oportunidad para preguntarse cómo trabajan otros artistas y, al descubrir que casi todo lo que parece al azar o “natural” entra en las reglas de la armonía, descubrimos que muchas veces gran parte de ese “magnetismo“ es una fórmula pre armada. Fórmula que al ser utilizada por manos expertas, se transforman en una combinación de belleza y armonía natural muy, muy agradable de ser descubierta.
Para la próxima, proporciones ao vivo.
La canción era conseguir árboles reconocido y analizarlos para ver si, aplicándoles las reglas, los artistas las respetaban. Y empecé a buscar. Y me dí cuenta que no tenía que hacerlo, la mejor manera era agarrar al azar algunos y meterlos al tomógrafo virtual para ver de qué adolecían.
Doctor Keisi, doctor Keisi... lo esperan en cirugía
El primero fue un Kimura, un junípero shimpaku de la colección que expone en su jardín privado. Vale aclarar que como las medidas de los árboles analizados son difíciles de conseguir (aún no leo japonés, y Sebastián no me enseña) utilicé medidas inventadas. El por qué de esta decisión tiene que ver con que si los maestros trabajan con las leyes de la armonía y mantienen la relación de la secuencia de Fibonacci o, lo que es lo mismo, el número aúreo (1.61) las medidas pueden ir desde los 10 cmts a los 23 metros de altura, que cada elemento estará en su lugar. Así que, enfermera, haga pasar al primero.
Uno de los árboles famosos de Kimura, impresionante el punto focal, el tronco es un imán para los ojos que suben por las vetas hasta el contraste del verde y su masa ordenada. De arranque se lo ve armónico, nada “hace ruido” en los ojos, tal vez la rama baja trasera, pero seguro es una ilusión de la foto. Veamos lo que dice sin ropa.
La prueba de los tres tercios, el 1ro mantiene la síntesis de elementos y realza el nebari junto con la expresión de la madera. Dentro del segundo tercio se disponen las masas de verde y se cierran en la copa que ocupa el tercer tercio.
Hagamos de cuenta que la planta mide 120cmts de alto (que anda por ahí), le aplicamos el factor áureo (1.61) y empezamos con la calculadora: 120/1.61=74.53, medimos y trazamos la línea de la primera rama (amarilla) (la línea, no la rama); el espacio que queda entre la línea que indica el lugar en donde debería estar la primera rama se divide por el número áureo de nuevo: 74.53/1.61=46.29 (línea verde); para controlar si dividimos esa medida (46.29) por 1.61 debería indicar la posición en donde nace la copa: 28.75 cmts.El resultado a la vista.
Otro caso, otro Kimura
El árbol anterior lo elegí porque la mayoría de los escritos que andan dando vuelta por internet se aplican al estilo vertical formal, y muchas veces se hace difícil saber por dónde empezar a medir. La respuesta es utilizar el eje que pasa por el centro del tronco y su relación con el nebari. Ahora analizamos este caso que es interesante.
Contagiando robustez, este bonsái tiene un extraño magnetismo basado en las líneas rectas del tranco y la disposición casi paralela del follaje. Un trabajo voluminoso. No dejemos que la primera impresión se lo lleve todo: al tomógrafo.
A diferencia del primer caso, en este el primer tercio contiene al nebari y la 1ra, 2da, 3ra y 4ta rama (sin contar las traseras), después mantiene la regla.
Al aplicarle la secuencia con el divisor áureo nos encontramos con esas ramas bajas que nos hacía ruido, se genera una competencia entre la rama bien baja y el nebari. Falta aire, sensación de compresión, de peso.
Si lo inscribimos en la fórmula, la apariencia del árbol sería algo como esto; se despeja el primer tercio y unos jins muy cortos de las ramas bajas le agregarían un poco de dinamismo. Ahora... creo que es un excelente ejemplo de la intesionalidad aplicada por el artista, las ramas bajas tienen la posibilidad de no estar, sin embargo el manejo del volumen hace que se genere una tensión en el observador que lo lleva a pedir a gritos que ¡corten las ramas bajas! Eso es el mensaje, la finalidad, el manejo de lo sensorial por parte del diseñador. ¿Está mal, está bien? ¿Importa? No se pone a la ruptura de la regla como una excusa para decir “si a mi me gusta está bien”, sino que se hace uso de la estrategia en forma consciente, no es fácil angustiar al observador y relajarlo minutos después. Y todo sin hablar.Uno de Mr. Suzuki
Uno de los bonsaístas que más admiro, Shinji Suzuki: tiene un estilo más “natural”, muy ordenado y fácil de leer.
¡Al tomógrafo!
Uno de los bonsaístas que más admiro, Shinji Suzuki: tiene un estilo más “natural”, muy ordenado y fácil de leer.
¡Al tomógrafo!
Un pino blanco con un tronco sin curvas pronunciadas que obligaron al maestro a utilizar las ramas para desviar la mirada, cortando tanta monotonía con grupos de verde muy estructurados. Aun así no pierde la sensación de naturalidad.
Como en el caso anterior, en este trabajo también el 1er tercio tiene ramas, aunque parecería que vienen desde atrás. Lo demás: dentro de la regla de los tercios.
El análisis con las medidas áureas y la confirmación de que el grupo que nace del codo del tronco se ubica dentro del primer tercio.
Si respetáramos la regla el árbol, tendría un aspecto parecido a este (en todos los casos se reutilizó los grupos de verde ya existentes). El árbol pierde balance y la única forma de acomodarlo sería bajando una rama hasta al menos, un poco por debajo de la línea amarilla, lugar donde tendría que estar la primera rama.Sin buscar ser irrespetuoso del trabajo ajeno, el análisis de obras maestras es, muchas veces, una buena oportunidad para preguntarse cómo trabajan otros artistas y, al descubrir que casi todo lo que parece al azar o “natural” entra en las reglas de la armonía, descubrimos que muchas veces gran parte de ese “magnetismo“ es una fórmula pre armada. Fórmula que al ser utilizada por manos expertas, se transforman en una combinación de belleza y armonía natural muy, muy agradable de ser descubierta.
Para la próxima, proporciones ao vivo.
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