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domingo, 20 de julio de 2008

Para mis amigos, en nuestro día

Parecía que si, pero al final....
Yo quería, soñaba con todos ustedes alrededor, mirando, haciendo comentarios, riéndonos de lo que estaba haciendo. Haciéndome compañía. Haciendo de amigos.

El poster decía Sérgio Luciani -Argentina- (Sergio con acento), el lugar, Porto Alegre, lejos.
La posibilidad de hacer una demostración, de mostrar la forma de trabajar, la técnica. Encima mi portugués no sabe portugués.
Un buxus de más de 40 años tenía un cartelito con mi nombre, "te toca ese". Levanté la mirada y estaban muchos de los bonsaístas brasileños que ya conozco, los organizadores, los otros tres demostradores que encima, me pedían opinión sobre lo que estaban haciendo.
Y así fue. Lejos, pero fue.
Por eso, en este día en el que festejamos el valor de la amistad: amigos, voy a hacer una demo junto a ustedes, la de allá, pero acá, con ustedes, para festejar El día del Amigo.

Porque siempre estarán en mi, esos buenos momentos que pasamos sin saber...

Para entrar en calor, me dieron un junípero shimpaku. Le pregunté ¿puedo hacer lo que quiera?, si, lo que quieras menos trasplantar. El método era muy interesante. Los demostradores podían trabajar cualquier planta de un montón que había con cartelitos con precio, después de trabajado, se ponían en una tarima con el precio de costo (el que ya tenía) más lo que el bonsaísta le agregaba por su trabajo. El shimpaku costaba 80 reales de costo, como yo no me animé a ponerle precio (me daba cierta vergüenza), lo pusieron a 100. ¡Vendido!

El antes y el después (en realidad es un casi después porque me falta la foto final)


Un amigo es una luz, brillando en la oscuridad...

Llegó el momento del buxus. Cuarenta años (nunca entendí 40 años de qué), pero estaba bárbaro. Todos elegían coníferas que recontra retorcían y llenaban de jins. Se me ocurrió que entre las plantas ofrecidas, esta de 400 reales me gustaba más, no tenía ramas por delante, buena corteza, un nebari no tan importante ni llamativo, decidí trabajar el frente de la planta con un gran shari (aprovechando que las ramas traseras se alimentaban justamente por la "espalda"). Mis herramientas eran bastantes limitadas para trabajar madera y torno no había.

El buxus con mi nombre, y una imagen de su forma original.

Detalle del trabajo sobre el frente del árbol, y la herramienta con la que trabajé. No se trataba simplemente de sacarle la corteza, sino de generar líneas con movimiento suficiente como para transforma esa parte en punto focal.

Al principio pocos se acercaban, llamaba más la atención el super retorcido de los juníperos, pero de a poco empezaron las preguntas, desde cómo va a a alimentarse la planta hasta la técnica de conservación de la tanta madera seca, fue una mini clase de madera muerta para unas 15 personas.

Otro detalle, fueron casi 40 minutos de trabajar sólo la madera con el "pelapapas". Recomiendo este tipo de trabajo para los que no quieren ir al gimnasio.

Cuando la madera empezó a tomar forma y el mensaje del diseño se podía leer entre líneas, la gente trataba de saber cómo acomodaría las ramas, que no eran tantas. La respuesta, un trabajo de volumen proporcionado. El chaleco (que me lo pidieron para "trocar" llevaba el logo de bonsai argento con la bandera Argentina, me lo traje de recuerdo).

Casi terminado, alambrado y con las ramas muy cerca de su lugar definitivo, Pedro Morales pasaba y lo miraba, de cerca, de lejos. Y me hacía señas de que se veía muy bien, o por lo menos eso interpreté al ver su gesto y su mano cerrada con su pulgar hacia arriba.

El trabaja terminado, sin trasplantar. Había que ponerle precio. No me animé. El organizador me dijo que unos 1000 reales estaba bien, me parecía mucho, le dije, que lo dejara en 400, o 450, al final le pusieron 600 reales.

El buxus compartiendo la tarima de venta junto a un ficus de Pedro Morales, qué más podía pedir. Sólo una, levantar la vista y verlos a ustedes. Pero es loco, porque era al revés, era cerrar los ojos y sentir que estaban conmigo. Faltaron los mates, sobraron los sentimientos.

Dicen los Enanitos Verdes en Aun sigo cantando:

Espero que el tiempo ahora no borre,
a esta gente que tanto amo,
porque sin ellos no valgo nada
su alma es mi alimento...

Y yo aun, sigo cantando
y lo voy a seguir haciendo
una lección me dió la vida
tenés que hacer
lo que el corazón diga.

Feliz día del Amigo, gracias por estar.


sábado, 12 de julio de 2008

20 lucas -sonrían y saluden chicos, sonrían y saluden-

¡Veinte lucas! -que en castellano-argentino es 20.000-

Sólo pienso en cómo comenzó este blog, en la forma de desarrollarlo, de tratar de que se entendiese el sentido del por qué de un espacio que tratara de reflejar la idea que tengo acerca del por qué hacer bonsái.
Un blog criticado, light para muchos, ameno para otros, para nadie indispensable (y eso es lo que más me gusta). Veinte mil visitas, de todas partes del mundo (menos de África donde no les debe gustar mucho como hago las cosas). Loco, muchas visitas y pocos comentarios. En algunos foros dicen que justamente eso ocurre cuando el lector queda "pipón", en un estado de plenitud por lo que leyó y vió que no le quedan ganas ni de escribir. Dudo que en este blog pase eso. Por eso, se me ocurrió hacer un auto comentario, algo como un post comentario en el que yo les escribo a ustedes como "comentario" pos haber entrado tantas veces. Ahí va.

Sergio escribió:
Gracias. Gracias a todos los que se toman el tiempo de venir a ver si hay algo nuevo. Sus visitas son el alimento que me da fuerzas y me entusiasma a seguir con este forma de hacer bonsái. Bonsái de barrio lo llamo yo, bonsái de corazón, de esfuerzo, de superarse, de disfrutar.
Nada me complace más que el momento en el que termino un post y lo muestro, primero a la familia, después a la gente del estudio. El placer (muchas veces) de ver que se le llenan los ojos de lágrimas, ese indicador de que pude transmitir el mensaje.
Sé que mi bonsái no es el mejor, sé que busco superarme y encontrarme entre tanta competencia, sé que evito competir, al menos trato.
Amigos, conocidos, gente que considera mi forma de hacer las cosas como "diferente", la forma de compartir, la de tratar de agregar sin mezquinar. Si eso es lo que ven de mi, se los agradezco. A fines de Junio hice mi primera demostración invitado por la Asociación de Bonsai Sul de Brasil (I Congreso Sul Americano de Bonsai), en donde pude compartir con Pedro Morales más que un Congreso, de vuelta le dije a Liliana -que loco, tener la chance de ser invitado, y tener que hacer una demo lejos de la gente que uno quiere, amigos, familia... ella me miró y me dijo -no todos se pueden dar ese lujo... arrancar en Brasil.

Quiero agradecer mucho a mi sensei, a Marita, que supo entender y me largó "piolín" para que ganara altura, quiero que sepas que es y será siempre un honor decir que soy tu alumno, aunque me pongas a enseñar, teniéndote muchas veces a vos misma como alumna.
A Diego, a Pancho, a Lili, a Dante, Marcelo, José, Edu, Paco y el mismo Pablo Filgueira, que me escuchan y aconsejan.
Lo mio es de ustedes porque ustedes me lo dieron antes.
A San, mi crítica número uno (gracias milmillón), a Juanjo y Lucía porque sé que están, y saben que espero siempre sus comentarios.
A Clau, que me acompaña y más de una vez me hizo repensar antes de escribir.

Una vez, le preguntaron a John Naka si hablaba con sus árboles y él le respondió:
-¿Hablar?, ¡si me alcanza con tratar de entender lo que ellos me dicen!


Tres momentos de las demos en Porto Alegre, Brasil, trabajando un Buxus de más de 40 años, compartiendo (invitado) la demostración de Pedro Morales, y refinando detalles del bosque de la demostración de mi sensei Marita (quien también me invita a ayudarla).


20 lucas..... (20.000)
sonrían chicos, que nos están viendo,
sonrían y saluden.

Sergio

domingo, 6 de julio de 2008

¿Dónde está Wally?

Árbol del Mundo.
Así de exacto, así de sencillo. La casa de Ea (dios de la sabiduría sumeria). Supongo que el Cedro (Cedrus) jamás imaginó terrible etiqueta, pero, al parecer, esta conífera perennifolia que alcanza, según la especie, hasta más de 45 metros de altura (C. deodara), supo ser el traductor e intérprete de las cosas venideras, oráculo y profecía.
Puerta de entrada al mundo divino, utilizar madera de cedro era contar con la seguridad espiritual que de él manaba, propiedad muy buscado por reyes y faraones, por algo debía ser que su madera fuese tan noble, su vida tan larga y su fragancia tan particular.
Para los fenicios, Baalath el dios más poderoso (dios de la tierra) vivían entre los cedros.
El poema más antiguo conocido como El Cantar de Gilgamesh dice:
Se quedaron quietos y contemplaron el bosque
miraron los altos cedros, la entrada al bosque,
hogar divino, casa de Irmini...
Desde la cara de la montaña
los cedros se erguían, altos, frondosos
buena es su sombra, rebosan de placer.

Simboliza la sabiduría, la fortaleza y se lo asocia con el sol y la etimología nos dice que cedro deriva del hebreo qatar, que significa tiznar, método utilizado para purificar en ceremonias hebreas.

Espero que éste que utilizamos para trabajar tenga, entre otras virtudes, la de saber perdonar (en el caso de que no le haya gustado lo que le hicimos)


¿Dónde está Wally?
Sin la necesidad de una remera a rayas horizontales, ni la firma de Martin Handford, este Cedro deodara se escondía entre otras plantas y siempre zafaba de ser encontrada.
Tal vez por su características no muy alentadoras –tronco extremedamente recto y ramas altas con poco follaje– tal vez por no querer caer en un diseño tradicional como un shakan o un literario.
Liliana lo propuso, y le metimos mano.

Dos caras del cedro, la línea es muy marcada y fuerte, la conicidad muy leve y las ramas muy altas, el nebari tampoco decía demasiado. Una de las ideas fue tratar de agregarle movimiento a través de tensores que fueran marcando las curvas para dejar, al final, los menos posibles (me refiero a los tensores).

Una buena enrafiada era el preámbulo, el indicio de que íbamos a tratar de transformar su línea a la vez que trataríamos de poner las ramas en lugares mas o menos armónicos en el diseño final.

Fueron necesarios tres vueltas de alambre de casi 3mm para ablandar su divina voluntad.

La forma de ir curvando era aprovecharse de una barra de hierro de 8mm y de ir atando en pequeñas porciones de tronco (una forma de anclar) para poder utilizar ese sector como bisagra hacia un nuevo doblez sin que el anterior se viniera con el próximo.
Una vez en su lugar (la altura se redujo casi unos 15 cm) empezamos a alambrar las ramas antes de terminar con la curvatura del tronco. Esto se hizo para poder colocarlas (para peor eran pocas) en lugares que permitieran generar volúmenes acordes a la nueva curvatura.

Un detalle de las fuerza que generan lo tensores. Tensión y contra tensión. La planta sufre menos y evitamos roturas (no vaya a ser que por una rajadura se escape Baalath).

La nueva línea del tronco que obedece a la disposición de la curva de la belleza (curva de Hogarth), parte del tronco que continúa será cortado o terminará en jin, consultaremos al oráculo.


El diseño terminado, se ganó en volumen, en línea, se aprovecharon las pocas ramas que tenía, no se partió ni destruyó el tronco. Un trabajo de tensores (al final sólo quedó uno). Esperemos ya no se esconda entre los otros árboles y que tampoco necesite una remera a rayas para encontrarlo.