Yo quería, soñaba con todos ustedes alrededor, mirando, haciendo comentarios, riéndonos de lo que estaba haciendo. Haciéndome compañía. Haciendo de amigos.
El poster decía Sérgio Luciani -Argentina- (Sergio con acento), el lugar, Porto Alegre, lejos.
La posibilidad de hacer una demostración, de mostrar la forma de trabajar, la técnica. Encima mi portugués no sabe portugués.
Un buxus de más de 40 años tenía un cartelito con mi nombre, "te toca ese". Levanté la mirada y estaban muchos de los bonsaístas brasileños que ya conozco, los organizadores, los otros tres demostradores que encima, me pedían opinión sobre lo que estaban haciendo.
Y así fue. Lejos, pero fue.
Por eso, en este día en el que festejamos el valor de la amistad: amigos, voy a hacer una demo junto a ustedes, la de allá, pero acá, con ustedes, para festejar El día del Amigo.
Porque siempre estarán en mi, esos buenos momentos que pasamos sin saber...
Para entrar en calor, me dieron un junípero shimpaku. Le pregunté ¿puedo hacer lo que quiera?, si, lo que quieras menos trasplantar. El método era muy interesante. Los demostradores podían trabajar cualquier planta de un montón que había con cartelitos con precio, después de trabajado, se ponían en una tarima con el precio de costo (el que ya tenía) más lo que el bonsaísta le agregaba por su trabajo. El shimpaku costaba 80 reales de costo, como yo no me animé a ponerle precio (me daba cierta vergüenza), lo pusieron a 100. ¡Vendido!
Un amigo es una luz, brillando en la oscuridad...
Llegó el momento del buxus. Cuarenta años (nunca entendí 40 años de qué), pero estaba bárbaro. Todos elegían coníferas que recontra retorcían y llenaban de jins. Se me ocurrió que entre las plantas ofrecidas, esta de 400 reales me gustaba más, no tenía ramas por delante, buena corteza, un nebari no tan importante ni llamativo, decidí trabajar el frente de la planta con un gran shari (aprovechando que las ramas traseras se alimentaban justamente por la "espalda"). Mis herramientas eran bastantes limitadas para trabajar madera y torno no había.
Detalle del trabajo sobre el frente del árbol, y la herramienta con la que trabajé. No se trataba simplemente de sacarle la corteza, sino de generar líneas con movimiento suficiente como para transforma esa parte en punto focal.
Al principio pocos se acercaban, llamaba más la atención el super retorcido de los juníperos, pero de a poco empezaron las preguntas, desde cómo va a a alimentarse la planta hasta la técnica de conservación de la tanta madera seca, fue una mini clase de madera muerta para unas 15 personas.
Otro detalle, fueron casi 40 minutos de trabajar sólo la madera con el "pelapapas". Recomiendo este tipo de trabajo para los que no quieren ir al gimnasio.
Cuando la madera empezó a tomar forma y el mensaje del diseño se podía leer entre líneas, la gente trataba de saber cómo acomodaría las ramas, que no eran tantas. La respuesta, un trabajo de volumen proporcionado. El chaleco (que me lo pidieron para "trocar" llevaba el logo de bonsai argento con la bandera Argentina, me lo traje de recuerdo).
Casi terminado, alambrado y con las ramas muy cerca de su lugar definitivo, Pedro Morales pasaba y lo miraba, de cerca, de lejos. Y me hacía señas de que se veía muy bien, o por lo menos eso interpreté al ver su gesto y su mano cerrada con su pulgar hacia arriba.
El trabaja terminado, sin trasplantar. Había que ponerle precio. No me animé. El organizador me dijo que unos 1000 reales estaba bien, me parecía mucho, le dije, que lo dejara en 400, o 450, al final le pusieron 600 reales.
El buxus compartiendo la tarima de venta junto a un ficus de Pedro Morales, qué más podía pedir. Sólo una, levantar la vista y verlos a ustedes. Pero es loco, porque era al revés, era cerrar los ojos y sentir que estaban conmigo. Faltaron los mates, sobraron los sentimientos.Dicen los Enanitos Verdes en Aun sigo cantando:
Espero que el tiempo ahora no borre,
a esta gente que tanto amo,
porque sin ellos no valgo nada
su alma es mi alimento...
Y yo aun, sigo cantando
y lo voy a seguir haciendo
una lección me dió la vida
tenés que hacer
lo que el corazón diga.
Feliz día del Amigo, gracias por estar.












