Dedicado a John de la Naka (lo pedís, lo tenés).
Expectativa, básicamente lo que generaba un taller con Kunio Kobayashi era eso, expectativa. Era sabido que hacer un taller con un maestro que no hablara nuestro idioma iba tener como condimento la necesidad (o el esfuerzo) de tratar de entender las pocas palabras que sabemos en japonés relacionadas al bonsái además de creer que el traductor le daría la intencionalidad correspondiente a cada frase. Suponer que el lenguaje del bonsái es universal y entendible a todos es una ilusión.
Pero ahí estábamos, tempranito, cada uno en su lugar y esperando. El maestro pasó en silencio, miró y giró cada uno de los árboles y marcó el frente que él creía mejor. No dijo nada.
Empezó el taller hablando de los elementos relevantes a la hora de elegir una planta para transformarla en bonsái (no habló, o al menos el traductor no lo dijo, sobre dejar siluetas naturales o de plantas multifrentes) sino que por el contrario, habló de la necesidad de un buen nebari, de una primera porción del árbol visible, de línea y de ritmo. Después nos pidió que, utilizando la otra mitad del palito que nos había dejado a cada uno, marcáramos nosotros el frente ideal.
Clavado el palito, empezó planta por planta a interactuar con cada uno de nosotros. Un poco diciendo y haciendo lo que él tenía ganas de hacer con cada planta, otro poco nosotros haciendo lo que nosotros queríamos hacer con nuestras plantas.
Fueron dos horas de gente moviéndose como quien sigue un partido de golf. Si el maestro iba para la izquierda, todos para la izquierda. Al final quedaron plantas con ganas de ser terminadas, talleristas con sabor a poco (y entusiasmadas) y una experiencia (en mi caso) a puro martillazo.
El taller
Los lugares eran los que podías encontrar, Kali me guardó el mío, al lado de él y de Arturo. Mi planta era un junípero recolectado de un jardín y cultivado (raíces hidrolavadas) desde hacía 4 años. Toda la brotación era nueva (dos años) y las ramas, largas y secas, las había dejado por si aparecía un diseño más jugado.

Los participantes, casi todos conocidos. Algunos árboles muy buenos.

Con Kali y las dos plantas, un Chamaencyparis obtusa nana (no malvón) para él y un junípero para mi.



Luego pasó planta por planta observando si había cambios entre el frente marcado por él y el que cada uno de nosotros había elegido, si eran diferentes había que explicarle el por qué de la elección.

Cunado llegó a la planta de Kali, observó que era un poco dificultosa en relación con las demás. Al ser diseñado anteriormente en estilo escoba se complicaba la selección de ramas para evitar una poda drástica. Terminó vaciando el centro de la planta figurándola como si fueses dos personas de sexos diferentes que aunque estuvieran separadas se atraían y, por tal motivo, debería terminar en un diseño compacto y unificado.

Al llegar al junípero notó que yo había cambiado el frente que él había elegido, me preguntó el por qué y al modificar la inclinación del plantado se veía mucho más grueso y ancho el nebari. Lo volvió a analizar y le pareció bien el nuevo frente.



En esta imagen se pueden ver las dos marcas, la marca de adelante es la de Kunio, la de atrás mi sugerencia.






Una vez en su posición y puestos los tacos, empezó a cortar la madera vieja y dura dejando todo lo verde, me pidió que hiciera de todas esas ramas jins que después cortaríamos según fuese necesario.



Siguió con Arturo y un doble tronco en semi cascada, que después fue cascada y después un tronco solo.

Algunos de los trabajos del taller. En este post hay fotos de varios, espero que la muestra alcance para tener una noción de lo que fue el trabajo.

Uno de los pinos era un Pino mugo. El maestro decidió doblar la primer rama que era muy vieja y dura utilizando el método del corte paralelo al medio de la rama, enrafiado y alambre.
Pidió una motosierra y trató de cortar el junípero, pero como estaba desafilada, el árbol se movía demasiado. Medio enojado me dijo (digo me dijo pero en realidad me lo dijo el traductor) que sin usar máquinas (torno), hiciera desaparecer el corte recto de la motosierra a mano....

Así quedó cortado, una maza de madera y algunas gubias. Empecé a martillar. Astillar y tirar con la pinza de hacer jin.

...martillaba y arrancaba.


Lo bueno de hacer bonsái es que con el tiempo uno hace de la paciencia un culto. Alma zen. Reflexión y concentración.

Yo, martillaba y arancaba. -Que quede natural me dijo el traductor, que me dijo Kunio, que entendí por el traductor.


Después de martillar por casi hora y media y de hacer desaparecer el corte “no natural” de la motosierra, el maestro alambró una rama larga y me indicó como le gustarían los niveles de verde en un diseño que era bastante visible.

Marita, Kunio, Kali, Tersio y Martillo Hammer.
El árbol sigue su diseño en Bonsai Studio, ya cambió la inclinación del plantado y, de la forma original mas frondosa, terminó con sólo una rama que se divide en tres. Prometo subir las fotos una vez que se afiance la nueva brotación. Gracias a los fotógrafos: Liliana, Marita, Tersio, Eduardo, Kali y Martillo Hammer.
Nota al pie (no podía faltar): no tengo más que palabras de agradecimeinto para todos los que se animan a comentar. Es evidente que sentarse a escribir no sólo compromete el intelecto sino que genera en muchos de ustedes un deseo creativo que impresiona. Me parece perfecto, como primer paso, sustituir las guarangada y el bardo por el sarcasmo, estaría bueno ir dejando la ironía para llegar a la franqueza. Pero tranqui, que se lee importante y gracioso a la vez. Lo único que lamento dentro del proceso de purificación de los mensajes es que alguien crea que tengo discípulos. Tengo hijas, dos, mellizas, por las que doy la vida. ¿Discípulos? ¿no será mucho?
Perdón Pablo por saltear la demo con tu Pino, pero me pareció más ameno y relajante este taller en el que nos divertimos. Los que trabajamos, los que acompañaron, los que sacaron fotos y los que se bancaron los martillazos. -Que quede natural, me dijo, hice lo que pude.
Gracial Pil Colins, tengo todos tus discos, es más, con Against all odds me casé. Groso!

























